Son entretenidas las conversaciones de café. No tienen apuro ni pautas. Permiten divagar por una infinidad de temas, sin la necesidad de cerrar ninguno, pero a veces su naturaleza dispersa se afina y se vuelca sobre algo específico.

Eso pasó hace unos días, cuando el objetivo de la charla fue resolver cuáles eran las películas con mejor soundtrack. Nada de música incidental. Nada de Morricones ni Williams, acá el asunto era sobre canciones dentro de películas.

Por supuesto el tema no se zanjó. Obvio. Cada quien tenía su propia selección. Como sea, acá les comparto parte de mi propuesta, sin orden ni clasificación. Solo una conjunción aleatoria, como espíritu de conversación de café.

THE MATRIX

Le metieron cabeza a la selección musical, reuniendo una mezcla vigorosa que viste cada momento, enmarcando las escenas. Puntos altos, Rage Again The Machine, Deftones y Rammstein. Sin embargo, nada como la secuencia del rescate a Morpheus con la música de Propellerheads.

SCHOOL OF ROCK

El genial Jack Black se luce siendo un cretino que no duda en utilizar a un grupo de niños para cumplir su sueño. Acá el rock setentero es la marca de fábrica.

THE BLUES BROTHERS

La onda entre John Belushi y Dan Aykroyd es tremenda. Que Rush Hours, que Lethal Weapon, aquí sí que hay sintonía entre estos pelafustanes amantes del blues. Un par de blancos haciendo y viviendo música con raíces afroamericanas.

24 HOURS PARTY PEOPLE

Inglaterra realmente tiene algo que la hace brotar música y este es un buen relato sobre un momento específico de su historia musical. Acaso su hora más prolífica.

EMPIRE RECORDS

Un grupo de talibanes del vinilo y la presencia de la siempre adorable Liv Tyler.

JACKIE BROWN

Una de las películas de Tarantino con más bajo perfil, pero como siempre, con una selección de canciones muy acordes a la trama y al entorno de los personajes.

THE RUNAWAYS

Chicas con actitud demoledora haciendo música desde las tripas.

SINGLES

Esta película de Cameron Crowe no tiene ninguna gracia, es la típica historia de parejas que se quieren, luego no se quieren y finalmente se quieren otra vez. Acá la música saca las castañas del fuego. Es un extracto del grunge de Seattle que justifica y salva a la cinta.