Wes Craven, el maestro del horror, ya no está más con nosotros.

El director de cine falleció este fin de semana a los 76 años, debido a un cáncer cerebral. Detrás deja un legado tremendo. Sus películas están dentro de lo mejor del género y sus personajes quedaron instalados en el inconsciente colectivo, en forma de tus peores pesadillas.

Dentro de su brillante obra destaca “The Last House on the Left” (1972), una cinta importante dentro del horror, con violencia que descalabra el alma. Sin embargo, a la hora del recuerdo masivo a la mente vienen “A Nightmare on Elm Steet” (1984) -o Pesadilla, en español-, y “Scream” (1996), las películas que alzan a dos de los villanos más importantes en la historia del séptimo arte: Freddy Krueger y Ghostface.

FREDDY KRUEGER

Freddy

Después de “A Nightmare on Elm Street” costaba quedarse dormido. Freddy Krueger (encarnado por el actor Robert Englund) se aparecía en las pesadillas de los protagonistas y los mataba tanto en los sueños como en la vida real.

Su rostro quemado, su chaleco rojo con verde oscuro, su fedora marrón y su guante de cuero con garras de metal en la mano derecha son parte de una imagen única que lo eleva dentro de los villanos más importantes en la historia del cine.

Dentro de sus inspiraciones, Craven cita una lista de extrañas muertes en Los Angeles, en que las víctimas reportaban pesadillas antes de morir. También se anotan un vagabundo deforme que conoció Craven cuando tenía 11 años y la canción “Dream Weaver” (1970). Su contexto es horrendo: es hijo de una mujer violada por un grupo de presos, fue maltratado por sus compañeros de clase y también por su padrastro.

Todo fue configurando una personalidad desadaptada que desembocó en este terrible asesino serial.

GHOSTFACE

Ghostface

Siete actores han dado vida al asesino serial que va tras Sidney Prescott (Neve Campbell), pero solo uno ha sido su voz: Roger L. Jackson.

Mientras desarrollaba la película, Craven no tenía una imagen asociada al villano, hasta que una de sus colaboradoras encontró la máscara en una casa. ¿El problema? Los derechos de la máscara pertenecían a una tienda de disfraces llamada Fun World, que la creo en 1991 para Halloween, inspirándose en tres fuentes: un fantasma de Betty Boop, un personaje en la carátula de The Wall de Pink Floyd y la obra “El Grito” de Edvard Munch.

Al principio Fun World se negó a un acuerdo y Craven comenzó a filmar con una máscara parecida, pero no tanto como para ser acusado de violación a los derechos de autor. Eventualmente, ambas partes cerraron el trato y el resto es historia.

¿El cuchillo? Uno de utilería basado en un Buck 120 Hunting Knife.