El cine se está quedando sin artesanos ni sabios. El último en dejar la batalla es Mike Nichols, quien falleció de un ataque al corazón a los 83 años.

Nichols deja atrás un trabajo fino y que traspasó el séptimo arte, con flirteos en la industria televisiva y en el teatro. En este último destacó por su versión del clásico “Death of a salesman” de Arthur Miller.

Un combo poderoso para describir su talento es que fue una de las pocas personas en ganar un EGOT. Emmy, Grammy, Oscar y Tony. Si te gusta el fútbol es como ser campeón en un Mundial, los Juegos Olímpicos, la Champions League y la Copa Libertadores.

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Su huella más grande queda en la comedia, un género al que le daba matices inteligentes y algunas gotas de lágrimas que remueven el espíritu. Nichols nació en 1931, en la Alemania nazi. Su familia judía logró escapar de los tormentos de aquellos días y en 1939 se instaló en New York. Ahí creció y decidió convertirse en doctor. A medio camino, estetoscopios y bisturíes dieron paso a libretos y cámaras.

A la hora de apuntar una de sus obras cumbres, la tarea es simple: “El Graduado” (1967), film en que Benjamin (Dustin Hoffmann), un estudiante recién salido de la universidad entra en una fogosa relación con la señora Robinson (Anne Bancroft), una milf amiga de sus padres. Quien no la haya visto o ni siquiera escuchado la hermosa canción creada por Simon & Garfunkel tiene una gran deuda consigo mismo.

Otras películas esenciales de su biografía son:

WOLF (1994). Jack Nicholson es un hombre lobo.

CARNAL KNOWLEDGE (1971). Comedia romántica con la fabulosa Ann Margret

CLOSER (2001). Una favorita de las chicas y uno de los grandes recuerdos de Natalie Portman