Mi abuelita siempre decía “qué hombre más estupendo”, cada vez que veía a Omar Sharif en la tele. Hoy mi abuelita está triste, porque el galán de tez morena y profundos ojos negros falleció a los 83 años, producto de un ataque al corazón.

A la hora de situarlo en el universo hollywodense, Sharif -cuyo nombre real era Michel Demitri Chalhoub- es una estrella de brillo enceguecedor. Sus papeles más simbólicos son el de Sherif Ali en “Lawrence de Arabia”, la cinta que lo lanzó a la fama, el de “Doctor Zhivago” y el de Nick Arnstein en “Funny Girl”, que protagonizó junto a Barbra Streisand y que fue filmada en medio de la guerra de los seis días entre Israel y Egipto. Streisand es judía y Sharif era egipcio… ustedes comprenderán la batahola que se armó.

Doctor Zhivago

En “Doctor Zhivago”

En cada una de ella, la actuación de Sharif fue maestra, siendo aclamada por el público y la prensa. Sin embargo, también tuvo roles en los que dejó mucho que desear y de los que se arrepintió en vida. El caso más emblemático fue la película “Che!” (1969), en donde interpreta al revolucionario argentino Ernesto Guevara, a menos de dos años de su asesinato en la sierra boliviana.

La película -en la que Jack Palance hace de Fidel Castro y que pretendía ser un documental- está llena de imprecisiones históricas y de personajes caricaturescos. Es simplemente un lavado de imagen de la CIA y Estados Unidos y su rol en la muerte de Guevara, en plena Guerra Fría.

Tiempo después, Sharif diría que la película estaba hecha para agradar a los cubanos de Miami y que resultó ser un “producto fascista”:

“Me engañaron, no sabía que la CIA estaba detrás del film. Supe después cómo ellos manipularon la verdad”

La crítica tampoco la adoró. Roger Ebert señaló en su momento que era una cinta que causaba “aburrimiento con náuseas”. El New York Times dijo que Sharif era “un desordenado” Zhivago y que la película tenía menos consistencia que “una espinaca colada”.

No todo en la vida es color de rosas.

Últimamente, Sharif no hacía muchas apariciones públicas. Apoyó un par de veces la primavera árabe de 2011, se dedicaba a jugar bridge -su gran vicio- y vivía en hoteles de París, porque odiaba la soledad de una casa. Unos meses antes de su muerte también había sido diagnosticado con el mal de Alzheimer.