OK. Lo admitimos. Jon Hamm es un tipo apuesto, simpático, de esos que con una sonrisa despeina a las mujeres. Uno puede incluso llegar a sentir secreta/sana envidia de un hombre cuyos resultados de búsqueda en Google siempre ofrecen conversación sobre su “paquete”. Jon Hamm pareciera tenerlo todo. Sin embargo, Jon es un perdedor. Tiene una gran y gigantesca L de Loser en la frente.

Este lunes -sí, con l de loser- se realizó la entrega número 66 de los Emmy y Hamm competía por el premio a Mejor Actor Drama, gracias a su papel de Don Draper en la serie de TV “Mad Men”. ¿El resultado? Obviamente, perdió. Es cierto, cualquiera puede perder, pero esta es la séptima vez consecutiva que el bueno de Jon se queda bebiendo el trago del fracaso.

A continuación, el ganador de cada año en que fue Jon Hamm fue nominado

  • 2008: Bryan Cranston (“Breaking Bad”)
  • 2009: Bryan Cranston (“Breaking Bad”)
  • 2010: Bryan Cranston (“Breaking Bad”)
  • 2011: Kyler Chandler (“Friday Night Lights”)
  • 2012: Damian Lewis (“Homeland”)
  • 2013: Jeff Bridges (“The Newsroom”)
  • 2014: Bryan Cranston (“Breaking Bad”)

De la lista se desprende que su gran rival es Bryan Cranston, magnífico como Walter White en “Breaking Bad”, y quien recibió el último Emmy por la temporada final del show, ostentando su alegría con un beso muy húmedo a Julia Louis-Dreyfous.

Cranston-Dreyfous

Hamm ha intentado hacer todo por el premio. ¿Un ejemplo? Don Draper fuma, algo que el actor, en la vida real, no hace desde que tenía 24 años (sus cigarros no tienen tabaco ni nicotina).

Pero nada.

La amistad de Jon y la derrota es tan profunda que incluso coquetea con la yeta. No es chiste, hay una prueba elocuente: entre 2008 -año de su estreno-y 2011, “Mad Men” barrió en la categoría Mejor Drama Serie. La racha se detuvo el 2012, primer año en que Jon Hamm aparece, además de actor, como productor ejecutivo de la serie.

Pareciera que Jon Hamm lo tiene todo, pero a estas alturas es muy probable que el día en que gane el Emmy será el mismo día en que Leonardo DiCaprio gane un Oscar y que Universidad de Chile tenga un estadio propio. Quizás también sea el día del exterminio final.