La palabra spinoff significa “producto derivado”. Suena a sobra, a comida recalentada, a vienesa hecha con que-vaya-uno-a-saber-qué-diablos-les-ponen. Masificados en la industria televisiva, para justificar una serie secundaria de un éxito previo, los spinoffs la mayoría de las veces terminan siendo productos lánguidos, insípidos e incluso pueden ser acusados de provocar arcadas. ¿Un par de ejemplos? “Joey”, una extensión absolutamente innecesaria de “Friends”, o “Baywatch Nights”.

Por lo mismo, cada vez que se escucha la frase “es un spinoff de…” uno siente sudor frío en la espalda y se pregunta para qué arruinar un buen recuerdo.

Luego, sin embargo, está “Better Call Saul”, un spinoff de la aclamada “Breaking Bad”. La serie se centra en las aventuras del ruin abogado Saul Goodman y tras el primer episodio podemos decir que todos los miedos, todos los estereotipos de “apestosos spinoffs” se van al tarro de la basura.

El primer capítulo de “Better Call Saul” es trepidante, envolvente y adictivo. La actuación de Bob Odenkirk es monumental y seguramente ya está en carpeta para algún premio. Mismas alabanzas para el guión, el cual parece seguir uno de los consejos clave de una buena historia, según el escritor Kurt Vonnegut:

“Comienza lo más cerca posible del final”

La escena de apertura -filmada en blanco y negro- nos muestra a Saul Goodman trabajando en el patio de comidas de un mall en Nebraska. Es una era post “Breaking Bad” y Saul parece haber tocado fondo, mientras suena una vieja canción de los 30′: “Address unknown” (Dirección desconocida). ¿Cómo llegó ahí? Esa es la historia.

Con un buen manejo de los tiempos, el pasado viene a la pantalla. Saul no es Saul, sino que Jimmy McGill, un defensor público de casos sin esperanza y por los que recibe un pago miserable, un pago que ni siquiera le alcanza para pagar las múltiples deudas que tiene. Sus bolsillos están secos, nadie contrata sus servicios y el epítome de su decadente vida es un destartalado Suzuki Baleno (Esteem en Estados Unidos) de color amarillo.

Paralelo a todo esto, tenemos a Chuck, su hermano mayor, también abogado, pero en una especie de retiro obligado de una gran firma, de esas que hacen millones de dólares a la semana. Hay dinero, orgullo y muchas preguntas. Jimmy no está para el baile de otros: quiere dinero y quiere hacer su propio nombre.

¿Saul Goodman? Sí, pero aún no sabemos por qué.