Pintar está de moda. Dibujar está de moda.

En este mundo salvaje donde todo es productividad, besarle las patas al jefe, quedarse hasta tarde y ser el primero en llegar a la oficina, todo guerrero merece un descanso. Y si hay algo capaz de relajar hasta el energúmeno más estresado de todos, eso es hacer trabajos manuales. Y dibujar, como el primero.

Así es muchachos. No se crean que esto de hacer rayitas es cosa de niños o de chicas que pintan mandalas. Debemos reivindicar nuestro derecho a hacer unos palotes feos sobre una hoja en blanco, aunque sea una medida extrema de catarsis. Siempre es mejor hacer dibujos ridículos sobre el jefe que ir a golpearlo.

La empresa Faber-Castell lanzó un producto imperdible, que derretirá el corazón de aquellos que en el colegio guardaban los lápices en su estuche, ordenados por tonalidad. La compañía alemana y el diseñador Karl Lagerfeld lanzaron al mercado un gigantesco set de dibujo compuesto por 350 elementos, todos curados a mano por el diseñador alemán, incluyendo sus favoritos: 120 lápices de colores Albrecht Dürer solubles al agua.

Se trata de una edición limitada a 2.500 ejemplares.

El compromiso de Lagerfeld fue tal, que incluso diseñó el estuche gigante (la Karlbox) donde vienen ordenados los lápices por su tonalidad, con fácil acceso y fácil identificación de cada color.

Los lápices vienen etiquetados con inglés, francés y alemán.

Ahora la parte buena: Todo este remedio para el stress cuesta ni más ni menos que US$ 2.850, una porquería de plata si consideramos las elevadas sumas de sicólogo o siquiatra que deberíamos pagar.