Facebook está de cumpleaños. Ya son 10 años desde que Mark Zuckerberg lanzara “The Facebook” y, con ello, constituyera los inicios de una de las redes sociales más masivas del mundo.

En esta década el aporte de Facebook a nuestras vidas ha sido innegable y hoy, como homenaje, traemos solo seis de aquellas cosas o posibilidades que la red social trajo a nuestras existencia… Para bien o para mal…

1) Herramienta para el ciberacosador

En una escena de la serie “Dexter”, el asesino en serie interpretado por Michael C. Hall se preguntaba “cómo lo hacían los acosadores antes de Internet” al ver la increíble cantidad de información de una persona que se podía obtener online.

Si eres de esos inofensivos o preocupantes seguidores furtivos, sabrás de primera mano lo fácil que es tener información de algunas personas en Facebook. La red social, junto con el descuido de sus usuarios y alguno que otro BUG, permite acceder a una gran cantidad de datos de la nueva compañera de trabajo o de clases, la cliente o la amiga de una amiga. Sus fotos, sus amigos, los lugares que frecuenta, las páginas que le gustan, los grupos a los que pertenece, los lugares donde ha trabajado y estudiado.

Si además la “víctima” está en campaña para llegar al millón de amigos, la facilidad de obtener información sobre ella de seguro alentará al enamorado o jote de turno a agregarla a sus contactos y, con eso, hacerse una idea clara de cómo es la razón de sus desvelos.

 

2) Un nuevo nivel de “joteo”

Si ya lograste agregar a aquella chica a tus contactos, Facebook ha provisto una serie de interesantes herramientas para la conquista o, directamente, para el joteo descaradamente sutil.

Para empezar, existe la posibilidad de “darle un toque” (poke) a una persona, que es el equivalente en vivo a tocarle la espalda o el brazo a esa chica con el dedo índice para que se de vuelta a mirarte o llamar su atención.

Luego, tienes la posibilidad de hacer comentarios hasta de la actividad más estúpida de tu “víctima”, lo que es particularmente útil cuando la chica en cuestión publica una “selfie”: es la ocasión ideal para hacerle ver lo bonita que es aunque esa carita de pato con la que sale en la foto no le venga.

Si la timidez es lo tuyo, el chat puede ser un arma letal. A través de esta herramienta podrás conversar esporádicamente con tu objetivo sin necesidad de aquellos silencios incómodos. Si no hay nada más que decir, nadie se va a ofender por dejar la conversación inconclusa sin despedirse. En manos de un experto chateador-adulador-acosador como tu, el mensajero de Facebook te permitirá crecer silenciosa e invisiblemente en el corazón de tu víctima, quien se dará cuenta demasiado tarde.

 

3) Te odio, Candy Crush

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Si, otra vez me envió una notificación

Facebook ha sido fértil en el nacimiento de empresas que aprovechan la masividad de la red social para emprender. Las compañías de juegos han sido las que mejor han aprovechado este paraíso de la procastinación y apuestan a que sus usuarios sean los principales promotores de sus productos.

Por eso, otro de los aportes del hijo de Zuckerberg son los molestos avisos de las aplicaciones. Particularmente las de los juegos, muchos de los cuales apuestan a la necesidad de obtener más “vidas” para seguir jugando u otros beneficios a costa de la paciencia de familiares, amigos y conocidos.

No se equivoquen. Las notificaciones son una tremenda herramienta para el que se olvidó de un evento o quiere leer los comentarios que han escrito en sus publicaciones. Pero el uso que algunas aplicaciones le dan desafiarían la tranquilidad del más calmado.

“Candy Crush” es el ejemplo más molesto de esta situación, ya que la popularidad del juego, sumado a ciertas características medio adictivas, generan que personas que no has visto ni en pelea de perros te estén pidiendo frecuentemente que les ayudes a obtener más vidas. Peticiones que llegan también a tu aplicación móvil de Facebook, red a quien que no parece importarle demasiado esta situación.

 

4) Las juntas de ex-compañeros

Al unirse a Facebook se descubre rápidamente que el mundo es un pañuelo, situación que puede ser aprovechada para reencontrarse con aquellas personas que dejamos de ver después de haber salido del colegio, de haber abandonado un trabajo en contra de nuestra voluntad o de habernos cambiado de barrio.

Facebook trajo consigo las “juntas” de ex-compañeros de lo que sea: reuniones organizadas en la red social, con miembros de ésta, hechas al alero de una buena cantidad de comida y alcohol para recordar los viejos tiempos. En algunos casos, incluso, para recuperar el tiempo perdido. Porque, no lo vamos a negar, si en la Universidad tuviste pasión -correspondida o no- por una chica, de seguro en estas juntas reviviste algo de aquel sentimiento.

Las juntas son un legado importante de la creación de Zuckerberg y hay quienes las responsabilizan directamente de la pérdida de su pareja en manos de una EX-lo-que-sea. Otros, de haber perdido a la familia por revivir un viejo amor. Ya lo dice el antiguo refrán: “Lo que la vida separó, que no lo reúna Facebook”.

 

5) Etiqueta, etiqueta que algo queda…

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“¡Por qué, por qué me etiquetaste!”

Varias personas han sido víctimas de las etiquetas. Y es que hay inescrupulosos e irresponsables usuarios empeñados en dañar nuestra imagen pública.

Uno hace esfuerzos importantes para elegir aquella “foto para el Facebook”: bien peinado, ceja levantada, actitud ganadora, ropa impecable. Y viene un contacto de la red social, porque no se le puede llamar amigo, y te etiqueta en una fotografía desenfocada donde apareces borracho, despeinado, chorreado entero y con cara de haber sido atropellado por un camión.

El problema es que, al ser etiquetado, todos tus contactos pueden ver aquella maldita e inmerecida imagen. Algo terrible si no quieres que tu esposa se entere de que tu viudez de verano te la pasaste en un cabaret en los acogedores brazos de Betsabé o que tu jefe sepa que no estabas resfriado sino enfermo de encañado.

Un abucheo público para las etiquetas y, en especial, para el etiquetador compulsivo que tenemos de amigo en Facebook.

 

6) Todo por un “Me Gusta”

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La moneda de mayor valor: El “Me Gusta”

Si hay una cosa que distingue a Facebook por sobre todas las redes sociales es el haber impuesto una moneda de valor incalculable por el que muchos de sus usuarios estarían dispuestos a cualquier cosa: El “Me gusta”.

Nada más gratificante en la vida que publicar un profundo pensamiento, aquella epifanía que te vino en la ducha, y recibir a cambio una avalancha de “Me gusta”. Nada más hermoso que publicar una foto tuya y recibir un millón de “Me gusta”. Nada mejor que refregarle en la cara al mundo de que estás de vacaciones y que los amigos te llenen de “Me gusta”.

Tan popular e importante se hizo esta acción, que además de haber sido imitada y revisitada por otras redes sociales, el “Me gusta” dejó en el camino incluso al hacerse “fan” de una página de Facebook. Hoy, la imagen del pulgar arriba es tan potente como en la época de los romanos, cuando la orientación del dedo gordo era la diferencia entre la vida y la muerte. En distintas proporciones, el “Me gusta” es el símbolo de aprobación que permite continuar con su vida a los más dependientes de aprobación social.