Hay hombres que prefieren que los pechos de las mujeres sean naturales, a otros no les molesta que tengan silicona. Pero, ¿cuál es el límite? Lacey Wildd es un caso de estudio. Durante su vida ha gastado más de 250 mil dólares en cirugías plásticas: labios, una especie de corsé que hace más pequeña su cintura -que según ella se siente “como cuerdas de guitarra”-, e implantes de silicona tamaño QQQ que, en términos simples significan 19 kilos de busto.

La mujer apareció esta semana en el programa “My Strange Addiction” del canal estadounidense TLC. Ahí contó la historia de sus procedimientos quirúrgicos y la rutina que vive con su tremenda delantera. Lacey narro por ejemplo que no puede estar de espalda porque se sofoca ¿Cómo duerme? De pecho o sentada, pero siempre con almohadas que alivian el peso suspendido a partir de su caja torácica. “No puedo decirte cuál fue la última vez que vi los dedos de mis pies”, relató, mientras que su pequeña hija confesó que no puede abrazarla sin sentirse invadida por los implantes de silicona.

Terrible.

No obstante, lo más llamativo de la entrevista fueron las habilidades o condiciones que tienen los pechos. Estos pueden sostener dos copas de champagne como si estuvieran en una mesa y, más sorprendente aún, poseen la capacidad de brillar en la oscuridad.

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