Como dicen por ahí: “Cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, ni aunque te pongas”.

Mientras a muchas personas se les ha incendiado el teléfono, se les ha caído al agua o se les ha estropeado la cámara sin haber hecho nada extraordinario, hay otras personas como Blake Henderson que pueden dejar caer su teléfono desde más de 300 metros sin que le suceda nada al aparato.

Este afortunado hombre estaba grabando un video desde un avión con su teléfono a más de 1000 pies de altura, mientras seguía un biplano JN-4 Jenny, cuando una severa turbulencia le arrancó el smartphone de las manos.

El aparato cayó en el jardín de una familia y se mantuvo grabando con su cámara apuntando para arriba el tiempo justo para que pudiéramos ver al extrañado vecino encontrar el smartphone y decir… “este no es mi teléfono”.