Existen muchas razones por las cuales un hombre nunca debiera sobrepasarse con la mesera que lo atiende en un restorán. En realidad, por las cuales nunca debiera sobrepasarse con otra persona. Pero para efectos de esta historia, especificamos: una mesera de restorán.

Primero, nadie tiene el derecho a vulnerar la voluntad de otro ser humano. Segundo, las mujeres no son objetos. Tercero, está trabajando y su trabajo no es satisfacer tus perversiones. Cuarto, la mesera puede responder y dejarte en ridículo.

La escena ocurrió en un bar de Rusia y comenzó cuando un tontito -pasado de copa o no, da lo mismo- llamó a la mesera para pagar la cuenta. A la hora de darle la propina, intentó poner un par de billetes entre sus pechos, pensando quizás en que lo aplaudirían. Obviamente, la chica se enfureció con el “genio” y le conectó un izquierdazo con la minuta que llevaba en la mano.

El tipo -Nobel a la estupidez- contraatacó tocando el trasero de la mesera, quien esta vez toleró aún menos la falta de respeto. Con un excelente revés a dos manos desparramó al insolente, dándole su absoluto merecido.

Aplausos para ella.