El turismo se practica por diversas razones, pero tal vez la más cautivadora consiste en visitar parajes naturales que por su belleza, más aún por su alocada geografía, provocan el asombro del turista que no logra comprender el origen de lo que está viendo. Formas y colores que simplemente transforman el lugar en una experiencia sobrecogedora.

1. Bosque de piedras de Shilin: 

Autor: Kent Wang – Licencia: (C BY-SA 2.0) – Sitio web: http://www.flickr.com/photos/kentwang/

En el condado autónomo de Shilin Yi, en la provincia de Yunnan, sudoeste de la República Popular China, se encuentra un tupido bosque. Hasta ahí nada fuera de lo común, pero entre el follaje se yerguen impresionantes rocas que, por su forma y disposición, se hacen parte del paisaje como una especie de árboles petrificados. Si se observan desde lo alto, estas piedras cobran un aspecto aún más evocador, como si se tratase de un bosque de pinos, pero del color que se tornan luego de una nevada: un grisáceo entre el verde del follaje y el blanco de la nieve. Esta tonalidad en realidad se debe al tipo de piedra, caliza dolomítica.

Esta formación rocosa, conocida como el Bosque de piedras de Shilin,  tiene más de 270 millones de años de antigüedad y desde 2007 la Unesco lo elevó a la categoría de Patrimonio de la Humanidad.   

2. Los Gigantes del Causeway:

En la costa nororiental y a unos 3 kilómetros al norte de la localidad de Bushmills, condado de Antrim Irlanda del Norte, se encuentra ubicado los Gigantes del Causeway (The Giant´s Causeway) o también La Calzada del Gigante. Una formación con más de 40 mil columnas basálticas producto del rápido congelamiento de lava ocurrido hace más de 60 millones de años.

Autor: Julian Dunn – Licencia: (CC BY 2.0)) – Sitio web: http://www.flickr.com/photos/juliandunn/

Según la leyenda, que da origen al nombre, había dos gigantes, Finn (Irlanda) y Bennandoner (Escocia) los cuales se llevaban muy mal. Se agredían lanzándose rocas constantemente con lo cual formaron un camino de piedras sobre el mar. Entonces, con el camino pavimentado,  el grandulón escocés fue en busca de su enemigo. Al ver esto, Oonagh la mujer del irlandés, decidió vestir a su hombre como un bebé. Con esto auyentó a Bennandoner quien pensó que si el bebé era tan grande su padre sería enorme. Regresó a paso muy firme por sobre las rocas con el objeto de hundirlas para que su contender no pudiera salir de Irlanda y menos llegar hasta Staffa, su morada en Escocia.

Esta formación geológica fue descubierta en 1693.  Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad el año 1986, mientras que un año más tarde (1987), se le dio la categoría de Reserva Natural Nacional.

3. Los infiernos de Beppu

Beppu, situada en Kyushu -la tercera isla más grande de Japón- es conocida como la ciudad balneario o ciudad de los 9 infiernos, por sus aguas termales distribuidas en igual número. Pero lo que las hace mundialmente famosas es ese intenso color rojo por el cual reciben el apelativo popular de Los infiernos de Japón,  infiernos de sangre o bien infiernos de Beppu.

Autor: Kzaral – Licencia: (CC BY 2.0) – Sitio web: http://www.flickr.com/photos/kzaral/

El espectacular entorno de estos baños termales se intensifica por el vapor de agua que emana profusamente desde la superficie, lo que sumado al color rojo intenso que impide ver el fondo, hacen del paisaje una escena tan escalofriante como si se tratará de la mejor película de terror de Hollywood. Sencillamente un paraje estremecedor.

El origen de este rojo intenso se debe a que las aguas son ricas en ácidos, sulfuros, sal, aluminio y hierro, más la acción de las altas temperaturas del líquido elemento. Mismos que tiñen otros baños termales de azul opaco y blanco. Todos bautizados con este apelativo infernal.

No sólo los colores del agua son el atractivo del lugar, también lo son las altas temperaturas y a la vez ser considerado el segundo punto de actividad geotérmica del mundo, tras el Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos.

La leyenda dice que en el año 1192 el gran Samurai del clan Otomo Yoriyusu construyo casas alrededor de las termas para alojar a sus soldados con el propósito de que descansaran y se curaran de sus heridas sufridas en combate contra las fuerzas invasoras mongolas.

4. Castillo de algodón:

Al sudoeste de Turquía en el valle del río Menderes (Denizil) se encuentra el Castillo de Algodón o Pamukkale (en turco). Este lugar es una famosa atracción turística con espectaculares baños termales y aguas ricas en calcio, bicarbonato, creta (carbonato de cal terroso). Este último es el que fue modelando las formas en las cuales por los 200 metros de altura y más de 2,5 kilómetros, se descuelgan infinidad de piscinas naturales de color turquesa y anidadas en mullidos algodones, que es la apariencia de la cal.

Autor: Esther Lee – Licencia: (CC BY 2.0) – Sitio web: http:[email protected]/

Otra formación que llama la atención del turista son las cascadas que bajan por la ladera de la montaña que son gruesas capas blancas de piedra caliza y travertino: mármol que también es el que soporta las formaciones con aspecto de terrazas en media luna y con agua en su interior, como si fuesen piscinas. Todos estos fósiles que dan forma a este impresionante “monolito” datan de la era Cuaternaria.

Desde 1988, Pamukkale y las ruinas romanas de Hierápolis (en el mismo lugar) están en la categoría de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Para entonces ya experimentaba un deterioro importante a raíz del desarrollo turístico e inmobiliario que no respetó el entorno, destruyendo en parte su geografía. La recuperación implicó erradicar toda estructura que empañara el lugar, volviéndolo a su estado original.

5. Ola del desierto:

En la frontera entre Arizona y Utah (USA), más específicamente en las laderas de Coyote Buttes, en los acantilados de Paria Canyon-Vermilion Cliffs Wilderness, se yergue una formación rocosa que, producto de la erosión del viento y la lluvia, modeló la arena transformándola en un caprichoso roquerío que simula ondas como si fuesen olas. Su altura máxima es de 107 metros y se originó hace más de 190 millones de años, durante la era Jurásica.

Autor: Greg Mote – Licencia: (CC BY 2.0) – Sitio web: http://www.flickr.com/photos/gregmote/

Las diversas tonalidades y sinuosas ondas hacen del lugar un sitio sumamente atractivo. Más aún si a esto se le suma la aventura de poder dar con el lugar, de difícil acceso. Para llegar se inicia un recorrido desde el centro de atención del Glen Canyon, uno de los tantos parques naturales del oeste del país, donde encontramos el afamado Cañon del Colorado. La excursión lleva una hora (10 kilómetros) y debe realizarse con un guía experto en la zona. El trayecto es muy similar a un laberinto y por ende es muy fácil perderse. Previamente a realizar la caminata hay que conseguir el permiso necesario para adentrase en Coyote Buttes, hay sólo 20 cupos diarios. La razón, es zona protegida porque las olas son delicadas y frágiles frente al paso de los turistas, además de ser territorio navajo.

Se recomienda visitarla después de una tormenta, ojalá en horas del amanecer o atardecer. Las numerosas pozas que se forman, combinadas con la luz a esas horas del día dan mayor realce a un paisaje de por si asombroso.