En algún momento de nuestra vidas, todos ansiamos irnos a vivir solos. Es que el panorama se ve muy tentador y divertido. Al fin tendrás libertad para manejar tu tiempo y espacio. Adiós al ruido de la lustradora a las 08:00 de la mañana del domingo. Bye bye horarios de levantarse y caras largas del papá porque no ayudas en la casa. Hasta pronto idas al supermercado y a la feria para acompañar a tu mamá.

Por fin podrás hacer lo que quieres. El refrigerador lleno de cerveza. Bienvenidas las fiestas interminables, los asados con desayuno y almuerzo al día siguiente. Tu casa o departamento serán el centro social, estará lleno de minas y de amigos.

Todo es genial hasta que tomas tus pilchas y te vas a vivir solo. Porque cuando se fueron los tipos de la mudanza y te quedaste solo, ahí empiezas a descubrir todas esas cosas que, de tan obvias, eran invisibles a tus ojos.

1. Te faltan todo tipo de artículos importantes
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galaxus.ch

A la hora de exprimir un limón, destapar el baño, preparar los tallarines, empiezan los primeros problemas. Ahí descubres que hay una serie de artefactos y herramientas que dabas por sentado en la casa de tus papás y que ahora te faltan.

Ahí empiezas a darte cuenta que vas a tener que invertir unos cuantos pesos en comprar un exprimidor, un sopapo, una escoba, su respectiva pala, un tarro de basura, esponja para lavar los platos, detergente para platos, jabón de ropa, sartenes, ollas, cucharas de palo, paños de cocina, dispensador de jabón líquido, cortina de baño, bajada de ducha, papel higiénico, refrigerador, lavadora de platos, licuadora y un larguísimo etcétera.

Ahí es donde empiezas a entender que fue un poco prematura tu escapada de casa y empiezan los llamados: “mamá, préstame un sartén”, “mamá préstame una cuchara de palo”, “mamá, préstame esa cosa para exprimir limones”.

2. Debes pagar las cuentas… y son varias
Via killthecablebill.com

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La billetera elástica de papá ya no estará a tu alcance. Peor aún: vas a tener que empezar a preocuparte de recordar las fechas de vencimiento de las cuentas e ir a pagarlas al banco.

En el mejor de los casos, podrás hacer el pago online. Sin embargo, no por su comodidad va a ser algo fácil. Deberás tener un presupuesto para pagar la electricidad, el agua, el gas, la televisión por cable, Internet. Y si vives en un departamento, también los gastos comunes.

Más vale que tengas una agenda o algún sistema para recordar que lo que antes alguien más hacía, ahora lo harás tu. No sea cosa que te encuentres un día con la luz cortada por no pagar la electricidad o los gastos comunes.

3. No te está esperando la comida al llegar
Via the-faith.com

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Volviendo de clases o de un agotador día de trabajo, había un momento único en el cual te sentabas en la mesa y alguien ponía frente a tu cara de cansancio y estomago rugiente un rico y calentito plato de comida.

Como ahora vives solo, tendrás que llegar a prepararte tu comida, calentar los restos que hayan quedado de ayer o hacer lo que todo hombre debe aprender a hacer: llamar por teléfono y pedir una pizza.

La parte buena es que si no tienes ganas de cocinar, es llegar y pedir algo a domicilio. La parte mala, es que las comidas a domicilio suelen ser fast food con todas las calorías que eso significa. ¡Ah! Y recuerda que tendrás que comer solo…

4. Alguien debe lavar los platos, las tazas y los vasos
Via realclearscience.com

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Descubrirás a poco andar que los duendecitos que lavan la loza mientras tu duermes en realidad no existen. Eran solo un mecanismo de compensación que tenías para no sentirte culpable de dejarle la tarea a otra persona más abnegada.

Ahora, lamentablemente, no te vas a salvar de meter tus manos al agua. Premunido de una esponja, vas a tener que lavar los platos y, eventualmente, secarlos.

¡Ahhhh! Verdad que tu eres súper práctico y vas a pedir pizza todos los días. Claaaro. No te preocupes. En algún momento tendrás que abandonar los vasos desechables y tomar en vaso o en taza como una persona occidental promedio. Nadie te salvará de la esponja, ni siquiera tu mamá.

5. La ropa no se lava sola
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Via familylaundrycenter.com

Cuatro o cinco días después de llegar a la casa nueva, verás que la ropa limpia desapareció. En la esquina de tu pieza, sin embargo, hay un monstruo deforme que ha ido creciendo hora tras hora con los calcetines, camisas, calzoncillos, chalecos y todo tipo de prendas propias o ajenas que se han acumulado.

Vendrá ese nuevo desafío que tanto esperabas enfrentar cuando vivías con tus papás: llegó la hora de lavar la ropa.

La buena noticias es que siempre hay aliados para enfrentar la catástrofe. Nosotros somos uno de ellos, ya que te regalaremos un pack de OMO (6 litros) si compartes esta nota en Facebook y en Twitter. Pero además están tu mamá o tu papá, que de seguro te van a orientar en todas aquellas dudas existenciales: ¿Puedo mezclar la ropa de colores con la ropa blanca? ¿Qué detergente compro? ¿Eso del prelavado para qué sirve? ¿Cómo lo hago para volver al blanco mis camisas que lavé junto con la polera roja?

Asegúrate de tener una respuesta para cada una de esa interrogantes.

6. Alguien tiene que limpiar
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Via residential-cleaning-service.net

En ese sueño paradisíaco del departamento lleno de amigos y mujeres que deambulan, hay algo que siempre se nos olvida. Los perritos y zorrones dejan los vasos con combinado y las botellas de cerveza en cualquier parte. Las miniwis no lo hacen mucho mejor.

Los muebles tienen magnetismo por el polvo. Los espejos de la casa se chorrean de solo mirarlos. El baño tiene una habilidad especial para lucir asqueroso, sobre todo el excusado y el lavamanos, lugares que atraen los pelos de todo tipo de largos  y formas.

Si señor, bienvenido a la cruda realidad. Agarra un par de guantes y hazte la idea de comprar 20 litros de cloro para limpiar el estropicio que dejaron tus amigos. Los vasos quebrados se llevan muy bien con la escoba y la pala. El polvo puedes recogerlo con la aspiradora (¡uhhhh!, verdad que no tienes aspiradora).

Asume desde ya que tu guarida será el lugar ideal para juntarse, pero que después del carrete nadie se va a quedar a ayudar.

Sobre El Autor

Periodista, romántico empedernido, sufridor confeso. Su vida es una película, una comedia romántica con toques dramáticos, pero comedia al fin y al cabo. Cree en Dios para los partidos de la Selección o cuando no puede olvidar a una fémina. Ama el tango y el Glam-Rock, pero no odia el reggaetón. No le gusta como sale en las fotos.