¿Es posible que la caballerosidad esté en peligro de extinción? Las pruebas parecen ser elocuente y basta mirar al lado para comprobar que el panorama es desolador. Los hombres, de todas las edades, han perdido distinción, hidalguía y una serie de atributos que deberían honrar la existencia humana. Pasa en el arte de la conquista, el cual parece suprimido a técnicas como emborrachar a la chica en mente, sobajearse en ella al ritmo musical de moda o perfeccionando los trucos de Houdini para huir sin ninguna explicación. Pero no solo eso, el hombre de hoy también parece poco interesado en ayudar al prójimo y no sabe reconocer la derrota ni sus errores.

Ser un caballero significa ser un hombre que se porta con nobleza y generosidad (RAE, quinta acepción) y hoy ambas cualidades están algo extraviadas.

¿Lo positivo? Es fácil rectificar. En XY te presentamos 7 actitudes simples para lucirte y convertirte en un caballero:

1. Da el asiento a toda mujer o persona de la tercera edad

Trabajar todo el día sentado te hace tan cansado que lo único que quieres es irte sentado en la micro o en el metro. Solo estás dispuesto a entregar tu posición para hacerte el lindo con una chica guapa. No. Eso no es ser caballero, es ser oportunista. Tu asiento debes darlo a cualquier mujer, de cualquier edad, aunque no esté dentro de tus contradictorios cánones de belleza, máxime si está embarazada. Pero también debes ofrecerlo a cualquier persona, hombre o mujer, que camina por el otoño de su vida. Vamos, tú aún eres joven, muchacho.

2. Ayuda a tus vecinos 

En tiempos de conexión social a través de cables e internet, trata de participar en tu comunidad, ofreciendo ayuda a quienes lo necesiten. Quizás se necesita maestrear en la plaza, para dar un lugar de esparcimiento a los niños, o tal vez dar una mano a los vecinos de tercera edad que viven al frente de tu casa. Ayúdalos en tareas pesadas como sacar la basura, mover muebles y todo lo que les permita alivianar la carga de los años en sus huesos. Incluso en labores más simples como cruzar la calle.

3. En presencia de una mujer, camina al lado del tráfico

¿Cuál es la lógica de esto? Protección. Caminar al lado del tráfico genera un escudo contra el muro que se erige en la acera, alejando a la mujer -sea esta polola, amiga, mamá, hermana, tía o abuela- de peligros como un ladrón de carteras hasta un chofer descontrolado.

4. Lleva las bolsas y los paquetes pesados

Es cierto, son tiempo de igualdad de género, pero aún hay cosas que diferencian a hombres y mujeres. Una de ellas es la fuerza bruta. Se esto se desprende un imperativo: úsala. Las mujeres pueden cargar objetos pesados, pero tanto mejor si lo haces tu. Levanta los muebles el día de limpieza, lleva las bolsas grandes del supermercado y asume tareas como abrir el jarro de mermelada que parece imposible de destapar.

5. Abre las puertas y ofrece el paso

Un clásico que opera en diversas situaciones. Brilla, por supuesto, en un contexto amoroso. Ahí, abrir la puerta del auto, la puerta del restorán y otra y otra puerta, por cliché y meloso que suene, termina abriendo las puertas de su corazón. Sin embargo, también se puede ofrecer el servicio en otros momentos sociales, acompañado de la frase “por favor, después de usted”.

6. Ejecuta la santísima trinidad de la cena romántica

En misión conquista, el hombre debe echar mano a todo lo que tiene. En un cena romántica esto se traduce en varios comportamientos, entre los que destaca la trilogía sagrada: sacar el abrigo de la (o él) acompañante, ofrecerle la silla antes de sentarte y, si es la primera cita, pagar lo consumido, incluyendo una propina generosa. En los sucesivos encuentros, un hombre debe seguir ofreciendo pagar la cuenta, aunque al final el gasto se comparta.

7. Reconoce derrotas y errores

Si cometiste un error en el trabajo es de poco caballero echarle la culpa a otros. Aunque cueste el empleo, reconocer la falla con hidalguía es parte de lo que se espera de todo hombre. Es bueno tener un plan para ofrecer una solución al problema causado. Ahora, si compites por un ascenso, la idea es hacerlo en buena lid, sin echar barro al contrincante e incluyendo la chance de felicitarlo si es que te derrota. Un caballero no llora sobre la leche derramada y se levanta para dar una nueva batalla. Lo mismo puede ser aplicado en otras áreas, como el amor o los deportes.