Amigo, probablemente te lo habrán dicho más de alguna vez. Juntar cepillos de dientes no es nada fácil. Cuando una pareja se une, sea “ante Dios y el registro civil”, ante solo uno de los anteriores o solo por la voluntad y amor, es cuando se empieza a vivir de verdad una relación.

Y cuando se trata de estar juntos, el primer año es el más complicado. Es donde fracasan algunas relaciones por el simple y mágico hecho de que el príncipe azul tiene malas costumbres que era imposible prever y que molestan. Cuando descubrimos que la bella durmiente antes de caer en el sueño deja todo tirado por todas partes y no ordena.

Es dudoso que el término de una relación tenga como única justificación esa mala costumbre de cortarse las uñas en la mesa, a la hora del almuerzo. Sin embargo, cuando la piel anda sensible por problemas en la cama, problemas económicos u otros, cualquier tontería puede ser detonante de una crisis

¿Cuáles son las causas de las peleas más tontas y más clásicas que pueden minar una relación cuando se vive bajo el mismo techo?

LA PASTA DE DIENTES

Todo un clásico.

El problema: Ella lo presiona desde abajo y es tan metódica y ahorrativa que va enrollando el tubo en la medida que lo va usando. A ti el rollito ese te molesta y desde que pudiste lavarte solo los dientes crees que el ahorro está sobrevalorado, particularmente cuando se trata de la pasta de dientes. De hecho, la idea es que la tapa se pierda y el tubo quede con la lengua afuera porque lo aprietas en la parte de arriba.

La solución: Una de dos. O se ponen de acuerdo como es que se usa un tubo de pasta de dientes o es el momento de considerar una separación amigable y civilizada… del tubo de pasta… Como los malos hábitos cuesta erradicarlos, al primer asomo de problemas por este tema sugiere que cada uno de ustedes tenga su propia pasta de dientes. Fin del problema, en la medida que no pierdas la tuya y empieces a usar el de ella.

LA TAPA DEL BAÑO 1

Un clásico entre los clásicos

El problema: Sea por apuro, por sueño, por que te criaste con hombres y fuiste siempre a un colegio masculino. Siempre hay una buena razón para dejar la tapa arriba luego de evacuar el café o la cerveza. El problema es que muchas féminas consideran lejos lo menos estético el que el WC esté abierto. Les causa un escozor sólo superado con dejarles el retrete mojado.

La solución: Requiere un esfuerzo físico que sabemos que es considerable. A diferencia de ellas, muchas veces nosotros hacemos uso del WC estando de pie, por lo que bajar la tapa es una actividad física desgastante. Pero en beneficio de la relación te enseñaremos un mecanismo infalible:

  • Toma la tapa del baño con tu mano más hábil
  • No dobles tu espalda. Es molesto y puede provocarte dolor. Flecta tus rodillas lo suficiente para bajar tu tronco.
  • Junto con la bajada del tronco, empieza a bajar la tapa con tu mano hasta que esta toque el retrete
  • Saca tu mano y empieza a estirarte hasta que el tronco vuelva a la posición que tiene al estar parado
  • Lávate las manos

Este sencillo ejercicio debes practicarlo cada vez que usas el WC. Además de una relación saludable, tendrás un cuerpo cada día más atlético.

LA TAPA DEL BAÑO 2

El problema: Se ha demostrado científicamente que los hombres tenemos dificultades para orinar dentro de la taza del baño no por poca habilidad, sino porque el mismo líquido expulsado tiene una dinámica especial. Apuntar al retrete no es algo simple, no es nuestra culpa, entiéndannos.

La solución: Hay al menos dos posibles:

  • Orinar sentado: No te sientas mal. No eres menos macho por sentarte a orinar. Además, no es necesario que el resto lo sepa y estamos seguros que más de alguna vez lo hiciste, aunque en el otro contexto (si sabes a lo que me refiero).
  • Secar luego de orinar: Si eres macho de los que orina parado, te enseñaron que hacerlo sentado es para las niñitas, entonces te ofrecemos la alternativa de preocuparte del estado en el que dejas el WC después de usarlo. Sentarse en un retrete mojado es lo peor y de ahí proviene la ira justificada de tu pareja, por lo que tomar un pedazo de papel higiénico y secar la tapa es tu solución.

PELO EN EL DRENAJE

El problema: La genética es particularmente canalla con los hombres, La calvicie es una enfermedad que solo padecemos nosotros. Y con “padecer” no solo hablamos de la manifestación clínica de este trastorno, sino también del sufrimiento emocional asociado a comprobar diariamente que el pelo se va y no vuelve más. Y además del espejo, es en aquel lugar donde el agua deja la tina o el lavamanos donde se hace más patente el drama capilar.

La solución: Una mota de pelo mojado es lo más parecido a un ratón. Es medio asqueroso y tu pareja no tiene por qué sufrir las consecuencias de tu prominente calvicie. Incluso si le gustan los peladitos porque los encuentra sexys (punto a favor), no tiene para qué ver las pruebas de la alopecia androgenética galopante (punto en contra). Al terminar cada ducha, toma como rutina recoger los cabellos que se cayeron para que tu novia no tenga que verlos y botarlos. Dales un digno funeral en el papelero del baño y a otra cosa, que hay peores problemas que ser pelado.

EL DUEÑO DEL CONTROL REMOTO

El problema: Cada televisor tiene un control remoto, no hay forma de dividirlo. Aún no se ha puesto a la venta un aparato que divida las imágenes en la pantalla y el audio, por lo que ver televisión juntos puede ser un problema para parejas intolerantes, sobre todo cuando vemos la TV acostados y a la misma hora de la película romántica está jugando tu equipo favorito.

La solución: Ponerse de acuerdo. No será la primera ni la última vez que deban hacerlo. Acá lo mejor es hacer un ejercicio de tolerancia y aguantarse las ganas de ver el partido. O, si estamos pidiendo mucho, entonces negociar:  “Ok, amor… Está jugando mi equipo. Permíteme ver el partido y mañana arrendamos la película que querías ver”.

Si las ganas de tu pareja de ver la película son incontenibles, aprende la lección. O compran otro TV para poner en el living y así cada cual ve lo suyo o en adelante buscas un buen bar donde ver el partido solo o con amigos. Cada uno en su espacio puede implicar que la cosa funcione.

EL MENÚ DEL DÍA

El problema:  Aunque alimentarse es una necesidad que puede satisfacerse con cualquier alimento, estamos claros que comer o cenar no se trata solo de meter vitaminas y carbohidratos a nuestro sistema digestivo para tener la energía para seguir viviendo. Comer es un ejercicio que tiene otros elementos y es ahí donde la cosa comienza a complicarse. Esto es particularmente difícil cuando tu pareja dice que “podemos comer cualquier cosa”, pero cuando le dices “sushi” pone cara de “otra vez sushi”, si le dices “pizza” pone cara de “otra vez, pizza” y si le dices “preparemos algo” pone cara de “no hay nada para comer” o “qué aburrido el hombre que elegí”.

La solución: Hay varias posibles. Lo primero, intenta que este no sea un tema de conversación problemático. Si puedes empezar a evaluarlo con anticipación, mucho mejor: con hambre nadie reacciona bien. Por eso, si pueden planificar qué comer cada día van a ganar mucho en organización y van a ahorrar un montón de plata.

Si no te preocupa el tema del ahorro y planificar no está en tu diccionario, ten a mano un listado adecuado de restaurantes de distinto tipo que repartan comida o que permitan ir a buscarla. Obviamente, el listado implica tener la carta de productos que ofrecen para, una vez que se hayan puesto de acuerdo en el tipo de comida, no empiecen las peleas por los platos.

LOS COMPROMISOS

Cuando te emparejas o te casas, la familia y los amigos son un lastre con el que cada uno de nosotros debe cargar. No es obligación que tu pareja ame a tus amigos ni que tu ames a su familia (o viceversa), pero es evidente que hay que saber sobrellevar su presencia.

El problema: Hay muchos derivados de los compromisos amistosos y familiares.

  • Choque de eventos: ambos dijeron que sí a la invitación a un cumpleaños… pero de amigos distintos… Coincide el matrimonio de tu hermana con el cumpleaños de la BFF de tu pareja.
  • Coincidencia de compromiso con alguna actividad de tu gusto: cumpleaños de un sobrino de ella el día y hora del super clásico del fútbol.
  • Visita obligatoria a alguien que es motivo de desprecio: nadie es monedita de oro y aquella amiga del alma que tienes desde la época de la universidad le cae como patada en el estómago a tu esposa o novia.

La solución: Comunicarse y ponerse de acuerdo. Antes de decir “sí” al compromiso al que te invitaron, validar con tu pareja si no tienen algún compromiso familiar ineludible al que deban asistir. Si no existe ninguno, validar que no haya una amiga del alma de tu pareja que se quede sin su abrazo de cumpleaños porque ese día compraste pasajes para ir a Buenos Aires.

La clave es saber y aceptar que hay compromisos que no puedes eludir, por mucho que ese día prefieras estar en el estadio. Y que, cuando no hay forma de que ambos queden contentos con la decisión, se puede negociar. En el peor de los casos, cada cual puede ir a su compromiso y luego divertirse contándose las alternativas de lo que sucedió en cada uno de ellos.