Una de las responsabilidades más grandes a la hora de convertirse en padre reside en la acción de nombrar a tu hijo. Es una decisión trascendental, llena de simbolismos y que por lo general está empujada por el amor a esa nueva criatura. Pero a la vez es un acto cruelmente tiránico y déspota, pues quien responderá al nombre que está en tu cabeza -y para toda la vida- ni siquiera tiene la voz, el raciocinio o la chance matemática de defenderse. Lo que más puede decir es “agú” y eso no cuenta como reclamo.

En tiempos de extravagancias y bullying, la tarea adquiere nuevos niveles de cavilación. Quienes se someten a aquel proceso son padres considerados. Sin embargo, existen otros movidos por la estupidez y el narcisismo, que buscan diferenciarse del resto y decir, mira que cool soy, así le puse a mi hijo. A ellos parece importarle un pepino el futuro de su heredero y lo hacen sin miramientos y sin saber que le están haciendo más daño que un favor.

Aquí, una ayuda: 8 tendencias a evitar al momento de nombrar a tú hijo.

Bella Swan

¿Bella Swan? ¿Edward Cullen? Not

1. Nombres de personaje de película o TV. ¿Has pensado en poner Bella Swan a tu hija o Edward Cullen a tu hijo? Estás enfermo con la saga “Twilight” o a la hora de elegir las películas que ves en el cine te comen la lengua los ratones. Para el diván de un siquiatra o quitarte la membresía masculina. Además, son nombres que apenas funcionan en la ficción y se los estás dando a una persona real. ¿En serio? ¿Frodo o Gollum porque te gusta “Lord of the Rings”? Uno piensa que poca gente sería capaz de tal crimen, pero un solo ejemplo hace desconfiar en el futuro de la humanidad: en 2012, 146 niñas recibieron el nombre de Khaleesi, en honor al personaje interpretado por Emily Clark, en “Game of thrones”.

2. Nombres en otro idioma y con faltas de ortografía. Importar nombres de otros idiomas es una costumbre vieja como la rueda. A veces resulta bien, pero en la mayoría de los casos se convierte en una cruz para quienes deben cargarlo. Más aún cuando se hacen libres interpretaciones de la ortografía, se sigue el sonido o, incluso, se hacen osadas combinaciones. ¿Ejemplos? Jackson no es lo mismo que Jaxxon y Bryathan funcionaría mucho, pero mucho mejor si es Brian o Jonathan.

3. Nombres que abusan de la Y. La Y es una letra noble como la Ñ. No obstante, su abuso debería ser penado con multas a pagar con lingotes de oro. Priscila está bien, pero ¿por qué ponerse original y acabar en Pryscylla? Jessica tiene los pulgares arriba, Yessyca los hace orientar hacia abajo. ¿Josseline o Yosselyne? Mire bien la estética y decida.

4. Nombre de marcas. Puedes ser cliente fiel de alguna marca, pero de ahí a bautizar a tu hijo con el nombre de esta hay un camino fino con un precipicio enorme al costado que se llama manicomio. ¿McDonald, Nike, Victoria Secret, Facebook? Si te pasaran un par dólares por el auspicio habría perdón, pero ni eso. Les ahorras plata en publicidad y dejas a tu hijo encadenado a ser rostro de una marca que tal vez ni siquiera disfrute.

5. Nombre de lugares o fenómenos climáticos. Deja tu espíritu poético para las cartas de amor entre adolescentes o los libros de Corín Tellado. Por mucho que un lugar sea simbólico en tu relación, la idea no es gritarlo a través del nombre de tu hijo. América, Vía Láctea, Océano, Irlanda, Nube y Brisa no clasifican como opciones cuerdas y además dejan como legado un montón de bromas que los niños no pueden soportar.

LAdy Di

Las Dianas y Dayanas proliferaron en los 80. Ahora se vienen los George Alexander.

6. Nombres de la realeza europea. La tendencia, más ochentera, hizo desembarcar masivamente nombres como Charles, William, Harry y Diana con todas sus distorsiones -Dayana, por ejemplo-, en honor a la monarquía inglesa. Las historias de papel couché sobre el principado de Mónaco también aportaron lo suyo, al igual que Grace Kelly. Los nombres en sí no tienen ningún problema, son perfectamente normales, pero no por ello convertirán a sus hijos en príncipes o princesas. Esto no es un cuento de hadas, dejen de soñar. Igual ya estamos preparados para una nueva camada de George Alexander.

7. Nombres de famosos o grupos musicales. Muchas veces el nombre que adopta una estrella no es el mismo que el que aparece en su partida de nacimiento. Marylin Monroe se llamaba Norma, Ringo Starr es en realidad Richard y Lady Gaga es Stefani. Gente con nombres normales. Se los cambian pensando en ser una marca, porque suenan mejor y muchas veces extienden la idea a sus hijos. Beyoncé le puso Blue Ivy a su hija, Angelina Jolie optó por Madoxx y Kim Kardashian y Kanye West eligieron North para su retoño, North West. Elegir estos nombres, además, es una muestra de que estás viendo muchos programas de TV basura. Si eres metalero, olvida Slayer o Sepultura.

8. Nombres que suenen mal con el apellido. A la hora de nombrar a tu hijo también debes ser consciente de cuál es tu apellido. Muchas veces este no tiene nada de malo, pero al combinarlo con un nombre se transforma en una trampa de fuego. ¿Ejemplos? Rosamel Fierro, Elber Galarga, Armando Paredes, Zoila Cueva.