Las casas son caras. De hecho son, en general, la inversión de mayor costo que realiza una persona en su vida, y en lugares donde los terrenos disponibles son cada vez más escasos, entonces más caras se vuelven las casas. Precisamente para enfrentar esa ecuación la firma de arquitectura James Law Cybertecture, con sede en Hong Kong, ideó la Opod Tube Housing, o lo que dicho en cristiano no es otra cosa que una microvivienda hecha con tubos de hormigón.

Así, tal como suena. Los bien pensados y mejor intencionados personajes tras la idea estimaron que existirán personas a quienes les parezca una buena y hasta estilosa idea vivir dentro de tubos de concreto parecidos a los usados en las alcantarillas, claro que son tubos nuevecitos y no reciclados;  que quede claro.

Según sus creadores la iniciativa busca ofrecer alternativas de vivienda a personas que no pueden permitirse solventar los precios de Hong Kong, donde el arriendo de un departamento promedio puede costar fácilmente unos US$1.800 al mes. Ahí entran a competir estos tubos alojadores de personas, que se pueden arrendar por cerca de US$600 al mes o comprarse por poco más de US$15.000.

La gracia de todo esto, que sí la tiene,  es que las Opod Tube Housing son modulares, donde cada parte está conformada por un tubo de concreto de 2,5 metros de diámetro que ofrece un espacio  de 9,3 metros cuadrados. Su creador, el arquitecto James Low, postula que con varios módulos puedes armarte una casa funcional, cómoda y práctica, pues la puedes instalar casi en cualquier lado y se pueden disponer poniendo los tubos unos sobre otros. Así, hasta podrían armarse barrios en altura, de lindas torres con forma de toneles apilados.

La idea parece más una curiosidad que otra cosa, pues aunque las fotos hacen lucir bastante atractiva la propuesta, hay gruesos aspectos que no parecen bien resueltos, como la necesidad de tener que comprar un terreno donde instalarla (que ya hace que el precio inicial no parezca la ganga que pretenden), la dificultad de aprovechar los espacios en una superficie cilindríca (salvo que seas un Hobbit, eso se ve rudo), y los problemas logísticos de trasladar y manipular esos armatostes.

Además, ni hablar de las soluciones de ingenería para montarlos unos sobre otros sin que se zarandeen con algún temblor (en Chile no durarían una temporada), y el verdadero incordio que representa el encontrar un modo de interconectar cada uno de los tubos para dar continuidad espacial a la vivienda.

En fin, es cierto que cada día somos más, que la tierra no crece y que los precios del suelo suben demasiado, pero de verdad no veo que por aquí pase una propuesta práctica y realista a la necesidad de generar viviendas de precios asequibles.