Siempre que hablamos de llevar una vida sana, sale el tema del precio de por medio. Creemos que es incompatible adquirir hábitos de vida saludable y que estos comporten un precio asumible por la mayoría. Pero, ¿es real esta afirmación?

El ejemplo que siempre sale a la palestra es McDonald’s o Burger King: comida basura por un precio asequible. Si no, el de las compras en el supermercado: los alimentos con más aporte calórico, de grasas o con peor calidad son más baratos, por lo general, que los que no han sido tratados con productos químicos, tienen más aporte vitamínico o vienen de algún tipo de huerto ecológico. O para rematar, el tercer argumento que en seguida sale en esta conversación es que para realizar ejercicio físico diario, necesitas más dinero y tiempo.

DESMONTAR EL MITO

Pero hoy hemos venido a desmontar el mito de que llevar una vida sana implica arruinarse. Sólo con incorporar estos cinco hábitos de vida podrás mejorar tu salud física sin que derroches una fortuna:

I. Bebe agua abundantemente

Los expertos en este tema abogan por dos o tres litros de agua al día, que son ocho vasos. No necesitas estar pegado a un vaso de agua. Simplemente llévate una botella de agua a donde quiera que vayas y bebe pequeños sorbos a lo largo del día.

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II. Incorpora el té a tus bebidas diarias

El es un gran diurético. También ayuda a prevenir el envejecimiento, disminuir el colesterol y combatir la anemia. Hay de todo tipo: rojo, negro, verde, blanco… Encuentra el tuyo, a un precio que se adapte a tu presupuesto, y prueba a beber una taza de té al día. Si consumes esto en vez de los refrescos altos en azúcares o por las cervezas, verás cómo percibes una mejoría en tu estado de salud sin apenas esfuerzo.

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III. Come cinco veces al día

Pareciera que comer más es sinónimo de ganar más peso. Pero no es así. Comer cinco veces, sin sobrepasar tu límite calórico establecido, en cada una de las comidas, hace que el metabolismo esté en constante movimiento y, en consecuencia, queme calorías. Para que funcione esto, evita los hidratos por la noche y las grasas durante todo el día, y mantén un plan más o menos estricto de desayunos, almuerzos, comidas, meriendas y cenas sanas de cada día.

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IV. Ingiere más frutas y verduras

Son conocidos los múltiples beneficios de incorporar a nuestra alimentación más frutas y verduras: ambas ayudan a eliminar el exceso de líquidos, son depurativas, contienen fibra, antioxidantes, magnesio, potasio, etc. Entonces, ¿por qué no lo hacemos? Además, actualmente existen múltiples recetas que transforman estos productos en un plato muy apetecible o en un postre riquísimo.

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V. Hacer ejercicio

¿Es obvio, no? El ejercicio te da más energía, te sientes mejor después de realizarlo, disminuye la ansiedad y la posibilidad de padecer ciertas enfermedades… Entonces, ¿por qué no lo hacemos? El precio no puede ser una excusa: para salir a correr sólo necesitas unas buenas zapatillas, ropa de deporte cómoda y -en mi caso- una música motivante. ¿Qué no puedes salir de casa? Tienes en YouTube tablas que pueden significar la dosis de entrenamiento diario que necesitas para mantenerte en forma. Te dejo una de ellas: el objetivo es ponerse en forma en 21 días con 20 minutos de ejercicio al día.

Por último, hay que aclarar que el hábito hace al monje, es decir, necesitas tener constancia para asumir el reto de llevar una vida sana. La comodidad no es una buena aliada en esta batalla. Esfuérzate y vive más y mejor, y con dinero en el bolsillo.