Se dice que el cinturón existe desde la edad de bronce. Si bien lo utilizan hombres y mujeres históricamente ha sido asociado a la indumentaria del género masculino. En este sentido, la correa ha tenido etapas de auge y otras de apogeo. Tuvo un breve receso en que perdió la supremacía frente a los tirantes o suspensores que reinaron entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX. En los locos años ’20 recuperó su sitial cuando el talle de los pantalones hizo que volviesen a descansar sobre las caderas, por lo que el uso del accesorio se hizo necesario.

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En negro, el cinturón de cuero es la opción ideal para la ropa formal.

En la alta costura de trajes de medida, algunos personajes importantes han preferido prescindir de este accesorio y solicitan pantalones que presentan soluciones alternativas al uso del cinto, como botones en la parte trasera de la pretina que le otorgan un pequeño ajuste por si el pantalón queda suelto o un elástico escondido en la pretina.

Los dictámenes de la moda señalan que el color de los zapatos se define por la tonalidad del cinturón que elijas. En la misma línea de las recomendaciones del buen vestir, éste también define el largo de la corbata, la cual debe caer sobre la hebilla, ni un centímetro más por arriba ni uno más por abajo.

Los materiales y cómo combinarlos

La diversidad de materiales y sistemas de hebilla desarrollados para perfeccionar este implemento han sido simples, pero muy efectivos tanto por la practicidad que les confieren y por como lucen.

Los cinchos, como les dicen mexicanos y caribeños, que tienen hebilla con placa de acero cepillado son los más elegantes puesto que, a diferencia del tradicional sistema de cierre con aguja, definitivamente estos lucen mejor al ser un diseño más minimalista, simple y homogéneo en su aspecto. Si a esto le sumamos un sistema que permite girar la hebilla, obteniendo dos tonalidades, por ejemplo cuero color negro y al reverso café, la correa se vuelve versátil permitiendo con uno sólo combinar con diferentes trajes.

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En color marrón y con hebilla metálica, un modelo elegante y clásico.

Aunque sea una perogrullada, el de cuero es el más adecuado para usar con tenida formal, siempre en negro o café moro, puesto que son fáciles de combinar. En un estilo más desenfadado o casual, los cinturones con hebilla de placa metálica con sistema de cierre por presión sobre la correa son muy cómodos ya que te permiten infinidad de ajustes, no hay agujeros que te limiten.

Las correas de tela se recomiendan cuando usas jeans u otros pantalones de estilo informal como, por ejemplo, la bermudas que caen un poco más abajo de la rodilla. Los gamuza, esos tipo vaquero con hebillas clásicas y de tamaños extra large, tan típicos en marcas que son reconocidas por su pantalones de mezclilla, son otra alternativa que se sugiere.

En definitiva, el cinturón en primera instancia es un accesorio de uso práctico, pero que bien escogido se transforma en un elemento que le confiere a tu aspecto una impronta e imagen que quieras o no, vas a proyectar. Por lo mismo, una cuota de preocupación en cuanto a la elección no está demás. Y si somos francos, salvo las excepciones que confirman la regla, ¿quienes se fijan sólo en el uso y no en la usanza? La vanidad o por último el amor propio en algo afectarán tus decisiones hasta en estas cosas tan simples como afirmarte los pantalones. Por último, hagamos nuestro el dicho que toca nuestra virilidad: Un hombre es el que lleva los pantalones bien puestos y si el cinturón elegido no fue el apropiado, tu mismo te causarás el descrédito.