1 ¿Tendré sexo? Empezamos por la obvia, por la que todo el mundo piensa que un hombre tiene como prioridad y que, aunque lo neguemos jurando por el equipo de nuestros amores, es verdad. La pregunta aparece con frecuencia y uno se imagina todos los escenarios posibles para entrar al área rival, concretar y estar a la altura de la ocasión.

Sin el afán de empatar, las mujeres también lo piensan, aunque a su manera.

2 ¿Cómo me veo? Si bien los hombres niegan su amistad con el espejo, ciertamente existe una relación íntima. Antes de una primera cita, todo esto se intensifica. ¿Cómo se manifiesta? Algunos se obsesionan con el pelo, otros con si la ropa es la adecuada para derretir un corazón. Esto incluye el look perfecta y “casualmente” desordenado.

3 ¿El aliento? ¿Las alas? Además del look, tenemos una obsesión con los olores. Si pensamos en abrazarla hay que estar seguros de haber aplicado toneladas de desodorante bajo las axilas y uno que no sea muy pasoso. Si pensamos ejercer el poder de la palabra y rematar con un beso de película, habrá que estar 100% seguros de que el aliento es menta menthol y no pescado frito con ensalada a la chilena. Y ahí pasamos la vida, masticando 45 chicles y tirando el tufo a la mano para ver que todo esté OK.

4 ¿Elegí un buen lugar? Si la respuesta es un cine, tal vez no. Estar sentados por dos horas sin hablarse no es la imagen de una primera cita. Puede ser un restorán, una actividad al aire libre e incluso un café o un helado, sobre todo ahora en tiempos de Tinder, en los que puedes tener una primera cita cada semana. Las posibilidades son extensas y la pregunta siempre está ahí, martirizando el cerebro.

5 ¿Qué digo? Gran parte de la etapa “espejo” pasa recitándote a ti mismo las mejores líneas de tu libro de conquista. Pruebas y pruebas con la intención de no parecer necesitado de amor, de no parecer más caliente que pata de camello, de no ser aburrido. Un buen consejo es que pienses en que quieres saber de ella.

6 ¿Pechos? ¿Trasero? En teoría suena feo, a objetivización de un cuerpo ajeno. Pero la realidad es esa y no la vamos a esconder debajo de la alfombra. Si la cita es con alguien que conoces la pregunta está respondida, pero si es una cita online o una cita a ciegas todo está por verse y no hay modo de sacarse la pregunta de la cabeza. No son los ojos o la sonrisa. Al menos no en los primeros instantes de la primera cita.

7 ¿Y si no es como en las fotos? Con la emergencia de las citas online, Tinder y esas manos, la pregunta se ha vuelto trendy. Además siempre hay trucos que nos hacen pensar cosas que no son: push-up, fotos en picado para marcar el escote y otras hierbas. La duda se hace razonable y, por cierto, funciona en ambos sentidos.

7B ¿Y si no le gusto?
Puede pasar. Así es el juego y uno lo sabe. Hay que estar preparado para la verdad

8 ¿Tengo un plan de salida? En el hipotético caso de que no sea como en las fotos o su forma de ser mate tus pasiones, todo hombre se formula un plan para salir antes de tiempo. ¿Cruel? Quizás. La otra posibilidad es ir de frente, decir la verdad y ahorrar tiempos a ambas partes.

9 ¿Si me dejan plantado? La mayoría de los rollos que uno se pasa es imaginándose que uno es Brad Pitt, pero en algún momento siempre hay un encuentro con la realidad. Lo veíamos en el punto 7B. Uno quizás no es como en las fotos o en las descripciones. También está la posibilidad de que la chica se arrepienta y a uno lo dejen ahí, plantado. Y eso, reconozcámoslo, se te pasa por la cabeza más de una vez antes de la primera cita.

10 ¿Debo besarla? ¿Cuándo? Otro capítulo en la parte del espejo es el momento en que estiras la boca pensando si debes besarla y en qué momento. Por una extraña razón vienen a tu cabeza las tontas comedias románticas que has visto en tu vida. Porque las has visto. Al final te miras y te dices cuán patético eres.

11 ¿Tendré sexo? Después de la performance patética del beso, la pregunta que siempre tienes en la cabeza: ¿tendré sexo? Piensas en preservativos, en si debes invitarla a un lugar “más privado”, en cómo propiciarlo o si debes esperar por la segunda o la tercera cita. Si es que hay segunda o tercera cita.