Para mal de los hombres, el paso del tiempo no es gratuito en el cuerpo. Lo que las mujeres comentan y exteriorizan más con respecto a lo que ocurre con su físico en la medida que los años avanzan, los hombres –como casi siempre- lo transforman en una procesión interna y silenciosa.

La sexóloga peruana Martha Mejía, del Centro de Terapias Sexuales, apunta que estas variaciones son “silenciosas y problemáticas si nos son enfrentadas con voluntad y conciencia”.

Un informe publicado recientemente en Estados Unidos por la Fundación Doctora Aliza, entidad científica que promueve el cuidado médico entre latinos en el país del norte, sostiene que la disminución de la testosterona es inevitable con el avance de la edad, por lo que el pene y el cuerpo del hombre cambian permanentemente según pasan los años.

“A medida que la testosterona disminuye, también son menores las ganas de hacer el amor, toma más tiempo lograr una erección, mantenerla y llegar a un orgasmo. La disfunción eréctil es más común con los años y -en algunos casos- se presentan problemas con la próstata. Pero hay algo de lo que se habla poco y que también es una realidad: el pene cambia de tamaño y de apariencia a medida que se envejece. El pene que se tiene a los 30 años, en la plenitud sexual, ya no luce igual que cuando se llega a los 60 ó 70”, dice tajante el citado informe.

 

El inevitable ciclo sexual

El psicólogo clínico español Raúl Padilla, experto en terapia de pareja y sexología, desarrolló un interesante perfil de las etapas sexuales en el hombre, la que sirve de base para que los hombres tomen en cuenta la siguiente carta Gantt de la sexualidad.

 

De 1 a 11 años: Pre-pubertad

Diversos informes científicos sobre el tema señalan que en este período se genera la curiosidad por los mecanismos propios del cuerpo, entre los cuales se ubican los genitales y las diversas reacciones reflejas que ocurren. Es importante subrayar dichos estudios también señalan que las represiones vividas en estas instancias iniciales del desarrollo sexual originan las complejidades de la adultez.

 

De 12 a 13 años: Pubertad

Maduran los órganos internos y externos ( la producción de esperma, por ejemplo), apareciendo también los caracteres sexuales secundarios como el cambio de voz y los vellos. Se da inicio al descubrimiento del placer a través de las tocaciones genitales, que adquieren trascendencia con la masturbación. Los comentarios con amigos sobre el tema toman relevancia, por lo que se vive una especie de “sociabilización de la sexualidad”. Las poluciones nocturnas en los hombres son un punto de inflexión casi similar a la menstruación en las niñas.

 

De 14 a 16 años: Adolescencia temprana

Si bien en otros momentos históricos esta fase implicaba lo que comúnmente se llama “la edad del pavo” y en ella surgía en la relación con el sexo opuesto el típico “amor platónico”, lo cierto es que también es perfectamente posible hoy, dados los avances del estilo de vida moderna, que se vivan momentos paralelos de  masturbación solitaria con la experimentación de besos más apasionados y caricias íntimas con niñas (senos y genitales). En algunos casos, incluso, se llega a la masturbación bucogenital. Lo tradicional indica que debiera ser una fase romántica en lo psicológico. Pero el ritmo y formas de vida actuales indican que pueden darse pasos más concretos en lo físico.

 

De 17 a 19 años: Adolescencia

A nivel biológico se alcanza la madurez sexual, por lo que se dan las condiciones para ejercerla. Habitualmente es la edad de inicio de las primeras experiencias sexuales completas. El amor se transforma en una experiencia más realista. Lo sexual adquiere connotaciones de placer, aprendizaje, entrenamiento y afirmación del rol masculino.

 

De 20 a 30 años: Juventud

Para los médicos, desde el punto de vista biológico en este momento los hombres son algo así como “adultos que alcanzarán la plenitud de facultades al final de esta fase”. A lo físico y psicológico, los hombres suman a la sexualidad lo sociológico, es decir, lo que resulte habitual en el tipo de sociedad en la que se desenvuelvan. En ese sentido, comienzan a gestarse las primeras relaciones con características de “estabilidad”.

 

De 31 a 40 años: Mediana edad

Se estima que en este momento el hombre, al encontrarse en plenitud física y psicológica, opta por la estabilidad sexual de una pareja. En términos sociales la llegada de los hijos comienza a transformarse en un tema, aunque en menos intensidad que en el caso de las mujeres.

 

De 41 a 55 años: Adulto consolidado

Es el momento en que el declive físico da las primeras señales, con respuestas más lentas a los estímulos sexuales y con una capacidad de recuperación física muy lejana a lo exhibido entre los 17 y 30 años. Lo más probable que esto sea parte de una crisis sexual, ante la cual el hombre responde de dos formas: una postura apática ante el sexo o aventuras que le reafirmen su virilidad.

 

De 56 a 65 años: Pre-jubilado

La potencia en las erecciones pierde potencia, en medio de un cuadro en el que las temáticas de salud ganan relevancia. La falta de actividad física facilita la aparición de los tradicionales “achaques”, lo que es aplicable también en la sexualidad. Los expertos subrayan que las claves en esta etapa son la confianza hacia la pareja y la imaginación. La entrada en la menopausia de la compañera puede marcar, por ejemplo, un nuevo punto de inflexión en la pareja, ya que el sexo por placer, sin la preocupación del embarazo, puede ser un punto a favor de esta etapa vivencial.

 

De 65 a 75 años: Jubilado

Son variados los estudios que indican que la capacidad sexual de un hombre a esta edad dependerá de la forma en que haya llevado su actividad durante la vida. En ese sentido, si el sexo se ha vivido de forma sana y habitual, las relaciones íntimas debieran enfrentarse de mejor manera. Si bien aún existe capacidad para sentir placer y llegar al orgasmo, las erecciones son cada vez menores. La pasión da paso al afecto y al cariño.

 

A partir de 75 años: Post-jubilado

En términos bien concretos, las relaciones pasan desde una concentración genital a una nueva expresión de intimidad, como caricias o besos. El hombre en esta fase requiere de esas expresiones para sentirse cerca de su pareja. La sexología moderna subraya la falsedad de que las expresiones sexuales terminan con la falta de erección. “El fin del sexo ocurre cuando el corazón deja de latir”, sostiene el doctor Padilla.