Es casi imposible comer un paquete de papas fritas en silencio. Solo el hecho de abrir y manipularlo genera un ruido que alerta a todas las criaturas que te rodean.

Por cierto, ese crujido es totalmente a propósito.

Sí, las marcas de papas fritas han pedido a sus maquiavélicos empleados el desarrollo de paquetes con ese particular sonido, para manipular tu cerebro y que te pongas de rodillas ante sus deliciosos y salados chips.

Charles Spence, profesor de sicología experimental de la Universidad de Oxford, descubrió el truco luego de un estudio sónico. Hizo dos grupos: uno con audífonos y otro sin estos para testear las papas fritas. Quienes no tuvieron la experiencia auditiva señalaron que los chips sabían “rancios y mullidos”, mientras quienes oyeron todo el proceso aseguraron que eran “más frescos”.

Según el investigador, la explicación tiene que ver con las expectativas.

“El sonido de la comida importa. También el sonido del paquete y el sonido atmosférico. El sonido del empacado en que la comida se experimenta -como el crujido de un paquete de papas fritas o el pop de un corcho de champaña – pueden influir en nuestro goce de lo que viene a continuación”, dijo.

Así que ahí tienes: un nuevo tema de conversación para tu próxima reunión social con papas fritas en un bol.