Hace un par de días compartía con un grupo de amigos, todos hombres entre 25 y 32 años, de los cuales el único chileno era yo. La conversación deambulaba por múltiples tópicos hasta que alguien preguntó: “¿Cómo se les saca brillo a los zapatos?”. Mi reacción instantánea, aunque solo cerebral, fue un “¿qué?” acompañado de una risita, mientras externamente me alistaba a responder amablemente. Di cátedra del betún Virginia -silbido incluido-, de una escobilla, de un paño y del excesivo castigo al que eran sometidos los zapatos de colegio, pateando pelotas y envases de yogurt. A medida que continuaba en la exposición me iba dando cuenta que la respuesta no cubría los zapatos de cuero, los cuales deben ser engrasados.

¿Cómo? No tenía idea. Después busqué en internet y es simple, pero en el momento mi cerebro era un desierto, sin oasis para unas agonizantes neuronas. Aquello me llevó a una segunda reflexión: todas las cosas en que mi padre y mi abuelo patean mi trasero, todas las cosas que saben hacer mejor que yo o cualquier persona de mi generación. La lista es grande.

Estas son 7 cosas que tu abuelo (o papá) sabían hacer mejor que tú:

1. Derrochar estilo

Quizás hoy usen los pantalones al ombligo, pero cuando tenían tu edad sabían lo que era vestirse para impresionar chicas. Pulcros, sobrios, elegantes. ¿Hacer un nudo de corbata? Pan comido y al menos cuatro o cinco tipos. Además la hacían combinar con el resto del atuendo, incluido los zapatos perfectamente engrasados. Los sombreros tenían clase y no eran gorras de béisbol con la visera hacia atrás, con emblemas de equipos que ni conoces. Accesorios precisos sin demasiado brillo, un afeitado limpio con hoja de gilette (nada de cremas áloe vera o máquinas con jaboncito para pieles sensibles) y perfume distintivo. La imagen de un hombre sólido y con confianza, algo que incluso reflejaban al momento de sacarse una foto. Un retrato, no una estúpida selfie.

2. Conocer su auto

Tu abuelo y tu papá sabían cuando al auto le falta aceite, sabían por un sonido que algo andaba mal, sabían cuándo era tiempo de abrir el capó y sobre todo sabían qué diablos había dentro de este, los cables que hacen esto, los cables que hacen esto otro. Los tipos conocían su vehículo, metían la mano para cambiar la batería, para cambiar los neumáticos y no tenían miedo de ensuciarse con grasa. ¿Qué haces tú? Se pinchó una rueda, grúa. Se soltó una luz LED, taller. Ve y aprende.

3. Ases de la cocina

¿Cuántas veces has maldecido al delivery porque se atrasó tu almuerzo? Tu abuelo o tu papá nunca hubiesen hecho eso. Maldecido o siquiera haber marcado el teléfono de comida rápida. Si era necesario tomaban una caña y se iban a sacar peces a un río, si era necesario tomaban escopeta y salían a cazar conejos. Sabían filetearlos, quitarles la piel y cocinarlos sin desperdiciar una gota de sabor. Ni hablar de sus técnicas para asar la carne a la parrilla o preparar algún cóctel. ¿Qué ofreces tú? Además de la pizza del delivery, fideos con salsa, arroz con bistec, y un fanshop o jote.

4. Mejores deportistas e hinchas

deportistaAntes un buen hombre sabía nadar, boxear, correr e incluso se animaba a un deporte colectivo como el fútbol o el básquetbol. Cuando eran jóvenes, además, tu abuelo y tu padre movían las ancas para desplazarse, caminaban. ¿Qué haces tú? Una pichanga aquí o allá, pero sobre todo en el PlayStation. Para todo usas el auto y el sofá es una especie de hermano siamés. Obviamente, esto atrofia tus músculos. Imagina si te hubiese tocado irte a los combos con tu abuelo cuando este tenía tu edad. Qué paliza te daba. Tu abuelo también era mejor hincha, iba al estadio a ver al equipo de sus amores, el cual era de su barrio y era único. Nada de estupideces -a menos que seas inglés- como ser del Chelsea, el Arsenal o el Manchester United.

5. Seres autosuficientes

Hemos hablado de que los abuelos y padres conocían su autos y las artes de la cocina. Ambas habilidades pueden ser incluidas en su capacidad de ser autosuficientes. Si algo faltaba, lo buscaban. Si algo se echaba a perder, lo arreglaban. Antes un hombre era capaz de sacar martillo y clavos para construir su propia casa. ¿Sabes arreglar la llave de la cocina que gotea? ¿Sabes cómo reparar la taza del baño? Los tipos a quienes les debes la vida podían hacerlo con los ojos cerrados sin tener que llamar a nadie. ¿Qué haces tú cuando algo anda mal? Los llamas a ellos.

6. En el don de la palabra

Ni tu abuelo ni tu padre necesitaban emoticones ni snapchat para decir algo a través de un celular. Si tenían que decir algo iban y tocaban la puerta de la persona a la que querían hablarle. Tampoco andaban con rodeos, porque simplemente no tenían tiempo para la vuelta larga: directo al grano, incluso si había que romperle el corazón a alguien. Además ponían la cara y la vida daba cachetadas. Otra cosa: sabían escribir, con buena caligrafía y excelente ortografía. Un “qué” siempre fue un “qué” y no un “ke”.

7. Ser caballero

No solo hablamos de abrir puertas y de pagar cuentas. Tu abuelo era un caballero que sabía consolar a una dama en pena, era un hombre que sabía cuáles eran sus gustos, que sabía comprarle ropa y que sabía bailar diferentes tipos de música. Cueca, tango, charleston, rock and roll. ¿Qué sabes tu aparte de mover la cabeza y los brazos sin ritmo, o del poco elegante perreo? Nada. Cero. Es tiempo de aprender del ejemplo.