Repudio absoluto. Un abucheo grande, estruendoso y resonante. ¿Hay algo más ridículo que abrocharse el primer botón de la camisa, ese que va directo al pescuezo, a la manzana de Adán?

Podrá ser muy New York, muy Londres, muy GQ, muy Barrio Italia, pero sigue siendo un artilugio de la moda basado en una soberana estupidez.

Se entiende si vas a usar corbata, como una forma de darle un soporte sólido al nudo, y no andar desordenado o desguañangado . Pero, ¿por qué habría que abotonarse la camisa si no hay corbata? ¿por qué abrocharse la camisa hasta el pensamiento en situaciones claramente informales?

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David Lynch, clásico exponente del botón asesino (Sasha Kargalstev / CC BY 2.0)

Onda y estilo no clasifican como respuestas válidas. Tampoco lo hace el argumento de verse “diferente” al resto de los mortales con mal gusto o como un gesto de rebeldía al uso de corbatas, como solía ser en el Reino Unido, ni menos que te creas David Lynch, porque Lynch hay uno solo. Ahora se podría argüir la libertad de vestirse como a uno se la da la regalada gana y está bien, ahí existe un dejo de razón. Lo mismo si eres un auténtico nerd y no un nerd de ocasión que aprovecha el presente de nerd asociado a lo cool.

Sin embargo, al fin del zaguán: ¿no es deber ciudadano luchar por la libertad del oprimido? Abrocharse el primer botón ahoga el respiro, niega la comodidad del ser humano y empeora su calidad de vida, sobre todo en época de verano, cuando el sol inclemente somete al cuerpo a una tortura calórica innecesaria y que va contra convenios internacionales. Génova, la ONU.

En serio, desabróchate el botón.