Si hay una época que es indiscutiblemente elegante, sin una sombra de dudas, es esta que vivimos, la transición de otoño a invierno. Y ese privilegio de tener estaciones definidas nos permite hacer una interesante mezcla en nuestro ropero, la cual puede ir desde un viejo jeans con la polera que ya se transformó en una especie de objeto sagrado o manda (pero que tu esposa quiere botar), hasta el sofisticado abrigo.

En una definición rápida, el abrigo es según algunos diccionarios, una casaca masculina larga, con tela pesada usada para poner sobre la ropa en los días más fríos y cuyo fin, supuestamente, está a la altura de la pantorrilla.

Para mí es una de las prendas más hermosas del ropero masculino, una pieza clave, por ejemplo, en el personaje de Sherlock Homes. Me atrevo a decir que, hasta los más simples abrigos tienen su encanto. Es una opción de moda sofisticada y elegante que supera a una chaqueta casual. Además es dinámico, ya que puedes usarlo en la  calle y quitarlo al entrar en algún ambiente cerrado. Muchos usan apenas una simple camisa debajo del abrigo, así no se sufre con el frío ni tampoco con el calor.

Abrigo

Es difícil saber, precisamente, el origen del abrigo. Una de las teorías que se conoce es que en el siglo XIX la ropa predominante en la Inglaterra era la casaca, que derivó del antiguo traje de montura inglés. Los colores eran oscuros, negro y gris, mientras que las telas eran de alpaca o lanas. Con el tiempo, la casaca perdió las alas y luego surgió el abrigo.

En principio era una prenda exclusivamente masculina. Con el tiempo, fue adaptada para el ropero femenino. La variación más conocida del abrigo femenino es el trech-coat, que surgió en la Primera Guerra Mundial. Fabricado en gabardina, eran ideales para enfrentar el frío y la lluvia. Un bello ejemplo de esa prenda puede ser visto en la clásica película Casablanca con la actores Humprey Bogart e Ingrid Bergman. El trech-coat pude ser adaptado para la noche con tela de satín.

Casablanca

Por mucho tiempo, los abrigos han sido confeccionados con un molde recto, el estilo más clásico. Ese corte puede ser visto en diversas películas de Hollywood. Pero los estilistas están quebrando eso y apostando en un corte más ajustado al cuerpo, marcando la cintura y creando un estilo distinto de medida de cada persona. Y los santiaguinos están, cada vez más siguiendo ese cambio. En esta época, muchos me llaman para confeccionar o arrendar sus abrigos. Los hombres aún insisten en el clásico negro, marrón y beige. Las mujeres se aventuran con colores más fuertes como el rojo y detalles de piel de animal sintético.

Parece ser una pieza simple de usar sin mucha reglas. Y, de hecho lo es, pero es bueno tomar algunos cuidados en sacar su abrigo del ropero.

Algodón y mezclilla son los más indicados para el día. Una buena táctica es voltear el cuello hacia arriba para dar un aire más sofisticado y misterioso. También se puede usar en ocasiones que van desde el trabajo hasta momentos de placer. El día también permite que pueda ser combinada con jeans, polera básica y zapatilla de cuero, lo cual ofrece un look más casual.

Para la noche, además del clásico negro, da para arriesgar con una tela más osada como el cuero, entregando una imagen despojada que da la libertad para ir tanto a un restaurante como al cine o teatro. Es interesante también la combinación con luna corbata sobre una camisa a cuadros que da un aspecto visual sofisticado y con estilo.

Sobre El Autor

Un personaje que no da puntada sin hilo, lo cual es lógico al ser Sastre, oficio al que llegó luego de sus inicios en la venta de ropa, siendo aún adolescente. Su tiempo libre lo reparte entre la familia y el deporte, el Judo es su favorito. Desde que se independizó, camina por la ciudad para visitar a sus clientes y brindarles atención personalizada, como es el sello característico de la sastrería clásica y tradicional. Y al final de cada día hace una pausa para disfrutar una tasa de té, a modo de catarsis ante la agitada vida moderna.