Cuando pensamos en sastrería, la primera cosa que se viene a la mente es un hombre mayor con la huincha de medir al cuello, alfiletero y sumido en las telas que están en los estantes.

Por lo anterior, muchos miran incrédulos cuando digo que soy sastre, no les cuadra el estereotipo que se tiene de un profesional de la alta costura, principalmente por que se los imaginan mayores y como las caricaturizaciones del cine y televisión.

Mi esposa, brasileña, me dijo sonriendo que sus amigas encuentran graciosa mi profesión y comentan “tu esposo es como los hombres que aparecen en las películas y teleseries tomando medidas a las personas”.

Confieso que la profesión de sastre es todo un desafío en la sociedad actual. Bueno, nosotros vivimos en una época donde todos están corriendo, inmersos en una vorágine, sin pausa. La expresión time is money no puede ser más cierta en la actualidad.  Además, nosotros los santiaguinos, vivimos apurados, inmersos en un mundo materialista que no da tregua. Por lo mismo, la  moda tuvo que adecuarse a este nuevo modo de vida.Maniqui 4

Precisamente, esta vida ajetreada y sin tiempo para hacer un alto en el camino hizo que la confección de ropa a gran escala, industrializada, terminara por imponerse.

A raíz de lo anterior, la exclusividad, distinción y comodidad del traje a medida dio paso a la homogeneización en el vestir.  Si bien la sastrería no desapareció como negocio o profesión, se atomizó, con el consecuente encarecimiento de la mano de obra, transformado en un bien escaso y un privilegio para unos pocos.En algo que la confección industrializada de ropa no pudo superar al traje-sastre, por más que la moda y sus tendencias tenga una masa incondicional, siempre se busca la identificación personal en lo que llevamos puesto. Las personas tienen en su ADN la necesidad de destacarse del resto y aquí, el traje a medida es insuperable.Maniqui 5

Desde el momento en que el pensamiento de que “somos todos iguales”, fomentado por la industria textil con la finalidad de masificar la moda, fracasara, los sastres comenzaron a resurgir de las cenizas y respiraron tranquilos.

La necesidad de las personas por buscar y definir un estilo propio y singular, presente en todas sus conductas, desde el hablar hasta el vestir, comienza a cobrar valor y relevancia hasta en los más mínimos detalles.

Lo anterior se refleja de manera evidente en la confección de ropa a medida, es decir, la sastrería: el corte y la caída de la tela, así como también la calidad y duración de las mismas vuelve a ser importante. Eso sin contar esa estrecha relación que se genera entre el cliente y el sastre, que revitaliza un trato más humano y menos mercantil.Sastreria 8El párrafo anterior resume en gran medida mi pasión por esta profesión, a la cual estoy dedicado hace 7 años, cuando comencé como vendedor en una tienda de jeans. Aquí hice mi escuela, me posibilitó conocer a grandes maestros de la profesión y quienes terminaron por despertar mi interés y modelar mi vocación por ser uno entre todas las mentes y manos que hacen el diseño y la confección de una prenda, con esmero y dedicación que requiere, un proceso realizado en varias etapas.

La hermosa profesión de sastre sigue vigente, vive y sobrevive a la era del 2×1, del lleve dos y pague uno, gracias a los maestros que todavía respetan su auténtico trabajo, sin necesidad del marketing y la publicidad, puesto que los clientes buscan y privilegian esa autenticidad.

Sobre El Autor

Un personaje que no da puntada sin hilo, lo cual es lógico al ser Sastre, oficio al que llegó luego de sus inicios en la venta de ropa, siendo aún adolescente. Su tiempo libre lo reparte entre la familia y el deporte, el Judo es su favorito. Desde que se independizó, camina por la ciudad para visitar a sus clientes y brindarles atención personalizada, como es el sello característico de la sastrería clásica y tradicional. Y al final de cada día hace una pausa para disfrutar una tasa de té, a modo de catarsis ante la agitada vida moderna.