Minutos después del aterrizaje del avión en el aeropuerto Diego Aracena de Iquique, lo primero que se huele mientras todavía se está en la fila para recoger el equipaje es el olor salino inconfundible del aire costero nortino. Mezcla de humedad y polvo.

Humberstone Calle

Vista de la calle principal de acceso a Humberstone.

No es mi primera visita a la ciudad, donde suelo hacer compras por encargo de perfumes en la Zofri, comer mariscos en las caletas en las afueras de la ciudad o tomar alguna bebida en el carismático boulevard de Calle Baquedano, un rincón casi parisino en las entrañas del centro de Iquique y donde hay varios cafés y bares de estilosa presencia. Esta vez, sin embargo, mi objetivo era otro: ir a la ex oficina salitrera Santiago Humberstone.

El viejo pueblo está a apenas 49 kilómetros al este de Iquique, pero siempre es bueno salir a estas aventuras cuando aún es de madrugada. A las 06.30 partí a Humberstone, como se le llama a secas. Estaba entusiasmado, dispuesto a la novedad y sin la contaminación de Google o Wikipedia.

Fachada Teatro

Teatro construido todo en madera, al estilo del Lejano Oeste.

La idea era conocer la historia en la voz de nortinos de carne y hueso. Palpar las inflexiones de la voz de quien me revelaría un pedazo grande de la historia de Chile.

Al cabo de 45 minutos hacia el oriente, por la ruta que une a Iquique con la Ruta 5, se llega a las dependencias de la ex salitrera. Ahí, ubicada a la izquierda según el sentido de marcha, se yerguen derruidas las instalaciones del histórico recinto. Según lo que nos relataron, el lugar fue sometido durante décadas a un saqueo metódico y progresivo, al principio para llevarse las vigas y pilares de pino oregón de las edificaciones, y luego para escamotear cualquier cosa que oliera a historia y pudiera ser vendida a buen precio a turistas inescrupulosos ávidos de la pampa salitrera.

Afortunadamente, ahora, tanto la ex oficina salitrera Santiago Humberstone como la de Santa Laura, están bajo protección y administración del Museo del Salitre.

Para algunos de los que hacen el tour, las dependencias parecen conocidas. Humberstone fue usada como locación de una telenovela de época producida por el canal TVN: “Pampa Ilusión“, la que según comentaron dos señoras de mediana edad que iban junto a mí, “era bien buena”.

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Las locomotoras, que se ven por todas partes, ícono de una época de esplendor del Chile de mediados del siglo XIX y comienzos del XX.

Para la fecha de la visita, el sol aún caía inclemente sobre nuestras cabezas. Era mediodía. La mayoría de quienes íbamos en el tour usábamos calzado y ropa de trekking, mochilas livianas e, invariablemente, cargábamos botellas con agua mineral. Pese a todo, el clima cobraba caro. El calor se siente, causa sopor. Costaba imaginar el desgaste que supuso el trabajo en estas condiciones, con herramientas manuales y usando el músculo como motor de productividad.

El lugar es una ciudad a escala humana. Un sitio que en plena productividad albergó a una población de 3 mil 500 personas, según reza un cartel de vetusta madera ubicado en la entrada. La ciudadela tiene la clásica distribución de damero, donde la plaza es el centro cívico.

Hay una escuela donde, nos contaron, Gabriela Mistral fue una de sus profesoras. También hay un teatro construido totalmente en madera. En ese lugar se presentaban obras, óperas y otros divertimentos que eran protagonizados por compañías de actores y profesionales que venían directamente desde Europa. La historia relata que el diseño del teatro fue encargado a la poderosa productora Metro Goldwyn Mayer.

La conservación de las dependencias de Santiago Humberstone no se orienta hacia la preservación de las estructuras usadas en la producción del salitre, énfasis que si se advierte en Santa Laura, otra oficina salitrera ubicada unos cuantos cientos de metros más al poniente.

HumbJuguetes

Sala Museo con los juguetes en fierro que les fabricaban a los niños que vivían en la ex salitrera.

En Humberstone el protagonismo lo tiene el legado sobre la manera de vivir que tuvieron los hombres y mujeres que hicieron su vida en el desierto, se casaron, tuvieron descendencia, la cual educaron bajo su amparo. Ahí, a la vista, permanecen los salones de baile, de pisos de grueso entablado y cielos altos; las barracas destinadas a la habitación de los hombres solteros; la pulpería; las amplias cocinas donde cuadrillas de mujeres preparaban durante todo el día masivas cantidades de alimento para los trabajadores. Quizás si uno de los vestigios más llamativos sea la enorme piscina pública, ubicada en la calle principal. Con estructura de estadio posee galerías, vestuarios y zona de descanso a los costados de la pileta. Se construyó en 1936 a partir de un cachucho (tina para precipitar salitre) y sus 24 metros de largo, 12 de ancho y 2,3 de profundidad le confieren un tamaño bastante respetable hasta para los estándares actuales.

El viento comenzó a soplar con más fuerza cuando el recorrido anunciaba su fin. Antes de embarcar de retorno a la ciudad, la mayoría pasamos por la tienda de helados que hay en el lugar. De fachada de época, parece más propia para vender velas de cebo que los deliciosos helados a base de maracuyá, mango y otras delicias que ofrece. Definitivamente, dan ganas de volver.

Para quienes no hayan visitado las ex salitreras, Humberstone y Santa Laura, lo más importante no es llegar primero, sino hay que saber llegar. Aquí le damos las indicaciones y un video para que la puedan recorrer aunque sea de manera virtual.

 

Vídeos Turísticos de Tarapacá / Salitreras Humberstone y Santa Laura from ¡Viva Iquique! on Vimeo.