El que mucho aprieta poco abarca, dicen. En el contexto del mundo laboral moderno, las personas están siendo empujadas a realizar múltiples tareas al mismo tiempo y en períodos reducidos. Esto, por supuesto, genera ciertos problemas y dificultades. Por ejemplo, al tratar de responder o solucionar a todas las exigencias, finalmente se deja de hacer algo o los resultados entregados carecen de estándares mínimos de calidad. Además, la presión provocada por esta situación incide en un alza en los niveles de estrés e incluso termina perturbando lo más valioso del día: las horas de relajo y descanso.

¿Cómo se puede evitar eso? Enfocándose, haciendo las cosas una a la vez. Aquí, por cierto, le entregamos cuatro consejos para lograrlo, basados en una guía de la Clínica Mayo:

1. Elimine las distracciones. Apague la tele, la radio, aleje su celular y sus seductoras aplicaciones (Candy Crush, Angry Bird), hágale el quite a Facebook, Twitter y YouTube. La idea es experimentar un par de días para ver cuán trabajólico y productivo se pone, manteniendo fuera de alcance cualquier pantalla que no esté relacionada con su trabajo.

2. Planifique sus peaks y descansos. La idea es organizar sus actividades dependiendo de sus ciclos de rendimiento. Si es una persona que produce mucho más en la mañana, enfoque sus esfuerzos en proyectos y tareas que requieren su atención. ¿Tiene que responder un mail? Hágalo si es estrictamente necesario, sino retrase la actividad para cuando sus energías desciendan. O sea en la tarde. Si es alguien de hábitos nocturnos, haga lo mismo, pero al revés.

3. No ponga todo en su cabeza. Si va guardando todo en notas mentales y muchas cosas sin acabar se van acumulando en su mente, ¿qué espera? Obviamente, colapsará, su energía se verá absorbida por los problemas. Por lo mismo, vacíela como si fuera un camión de basura. Si algo se viene a su cerebro, anótelo en un papel o en un bloc de notas en su computador/celular/tablet. Libere espacio en su memoria y de seguro andará más liviano y concentrado.

4. Entrene su cerebro. La práctica hace al maestro y enfocarse es una actividad que necesita repetición. Invierta tiempo entrenando su atención e incluso meditando. El camino es largo, pequeño saltamontes, y necesita esfuerzo. Nada es por arte de magia.