La ecuación parece simple: a X grados de optimismo, igual grados de protección de la salud. Investigadores médicos de Harvard confirman lo que la lógica común aconseja: la gente optimista tiene una mejor salud general.

En base a centenares de estudios, una nueva publicación aparecida en el Psychological Bulletin, medio oficial de la Asociación Psicológica Estadounidense, indica que además ver la vida positivamente ayuda a reducir los factores de riesgo cardiovasculares, como la hipertensión y el alto colesterol. El hallazgo es importante: en Estados Unidos –según cifras de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA)- más de 2000 personas mueren a causa de una enfermedad cardiovascular cada día. O sea, una muerte cada 39 segundos.

Son varios los estudios referidos a que estados psicológicos negativos, como el estrés, la depresión, la ira, la ansiedad y la hostilidad, incrementan el riesgo de sufrir trastornos del corazón. Pero no existían evidencias claras en torno a la influencia en la salud de ver la vida positivamente.

Los expertos debatieron y analizaron en torno a investigaciones que registraban factores como el grado de optimismo de un individuo, su satisfacción con la vida y su felicidad. Los datos permitieron concluir que a mayor bienestar, 50% menos de riesgo de enfermedades del corazón y circulatorias, independientemente de la edad, estado socioeconómico, tabaquismo o peso corporal.

“La ausencia de lo negativo no es lo mismo que la presencia de lo positivo” comentó la doctora Julia Boehm, quien dirigió el estudio y reconoce que “resulta muy difícil medir objetivamente el estado de bienestar de una persona”. Por ello, el estudio se cuida mucho de señalar que el optimismo sea una especie de “amortiguador” contra los trastornos de la salud.

A pesar de ello, la principal conclusión científica del estudio es que una persona optimista y con sentido de bienestar tiene más probabilidad y tendencia a verse comprometida en conductas sanas como hacer ejercicio, comer una dieta saludable y dormir bien. Esto repercutiría necesariamente en su salud.

Por ello, la investigación pone de manifiesto la necesidad “de que los profesionales de la salud tengan un enfoque holístico en la asistencia sanitaria, considerando y tomando en cuenta el estado de la salud mental de una persona y analizando el impacto que ese factor provoque en su salud física”.

Según la profesora Laura Kubzansky, otra de las investigadoras, el estudio permite tomar en cuenta que “para mejorar la salud cardiovascular, más que simplemente mitigar los déficits psicológicos hay que fortalecer y apoyar las fortalezas psicológicas”.