¿Cuántas veces escuchó que el final electrizante de un partido de fútbol no es apto para cardíacos? La metáfora es a estas alturas un cliché en la cada vez menos fértil cabeza de los relatores deportivos. Sin embargo, es una frase que tiene una lamentable base científica. Durante 1996, en Holanda, el promedio diario de muertes por eventos cardiovasculares era de 27,1. La cifra se elevó a 41, el día en que la selección nacional fue eliminada por Francia, en la Eurocopa. Una década después, en medio del Mundial de Alemania, las clínicas de Munich monitorearon el ingreso de pacientes con problemas al corazón, comprobando un aumento de emergencias, los días en que jugaba la Mannschaft, “A mayor importancia del juego, mayor es el riesgo”, resumió el doctor Ute Wilbert-LampenPese a algunas excepciones, el fútbol es un excelente deporte para mantenerse saludable. La última demostración es un estudio danés que remarca sus beneficios en pacientes que sufren diabetes. Para ellos, entrenarse significa un aumento en su función cardíaca, rejuveneciendo hasta en 10 años el músculo del amor.

¿Malvado fútbol? No tan rápido. Verlo es una actividad sedentaria, generalmente acompañada de otros vicios como el cigarro, comida chatarra y alcohol. Si a eso le suma estrés, la mezcla no termina regalando un lindo resultado.

¿Qué pasa, entonces, cuando se habla de jugar fútbol y salud del corazón? Seguramente recordará una larga lista de episodios, con jugadores profesionales desplomándose en el campo. La mayoría de esos casos, eso sí, estuvieron relacionados con fallas cardíacas congénitas de las víctimas, no detectadas a tiempo. Por otra parte, el número de casos es proporcional a otras actividades humanas. Es la fría dictadura de las estadísticas. Son excepciones a la norma.

En gran parte, la práctica del fútbol solo trae beneficios a la salud. Es un ejercicio que libera hormonas, oxigena la sangre y saca el polvo de los pulmones. Recientemente, se comprobó además que provee de excelentes defensas para hombres que sufren diabetes tipo 2. La Universidad de Copenhague desarrolló un estudio con machos entre los 37 y 60 años, quienes padecen la enfermedad. Se les hizo entrenarse dos días a la semana. Al final de la investigación se demostró que el 60% de los pacientes que además sufrían de presión arterial alta, vieron disminuido sus índices, así como el uso de medicina para tratar este inconveniente. Por otra parte, todos aumentaron en un 42% su capacidad física.

“Muchos pacientes con diabetes tipo 2 tienen menos flexibilidad en los músculos de su corazón, lo cual a menudo es uno de los primeros signos de la diabetes en la función cardíaca y que aumenta los riesgos de una falla”, afirmó el doctor Jakob Friss Schmidt, coautor del estudio, al diario “Vancouver Sun”. “Descubrimos que el entrenamiento de fútbol mejoró significativamente esa flexibilidad y el tejido cardíaco fue capaz de trabajar un 29% más rápido”, explicó. Para ponerle la guinda a la torta, agregó: “esto significa que después de tres meses de trabajo, el corazón se volvió 10 años más joven”.