¿Te sientes irritable? ¿Te duele la cabeza? ¿Tienes problemas para conciliar el sueño?

Estamos de acuerdo de que tu último smartphone es una maravilla, la cumbre de la tecnología en la materia, y es comprensible que quieres aprovechar cada segundo de tu existencia para usarlo. Mal que mal, te costó más de la mitad de tu sueldo en cómodas 32 cuotas.

Sin embargo, si estás sintiendo esos síntomas es hora de parar. Probablemente, estás siendo víctima del tecnoestrés. El concepto fue acuñado por Craig Brod, psiquiatra norteamericano autor de “Technostress: The Human Cost of the Computer Revolution”. En 1994, Brod definió este trastorno como “una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable”.

De acuerdo a un estudio realizado por Intel que fue dado a conocer en estos días, 1 de cada 3 usuarios sufre de este problema derivado del uso de la tecnología. Y es un problema tan simple como dañino: las personas que trabajan y se divierten utilizando tecnología comienzan a tener problemas para dormir, cefaleas, están constantemente irritables, tienen dolores musculares, trastornos digestivos. Y por extensión, problemas de ausentismo laboral y rechazo al uso de las Tecnologías de Información Computacional.

¿Cómo lo combatimos?

No es fácil, si consideramos que los dispositivos móviles han invadido nuestra vida cotidiana y llevamos el trabajo (y sus problemas) en nuestro bolsillo, estamos expuestos constantemente a estar revisando los mensajes. Ni hablar de nuestros felices amigos, que están susurrándonos en la oreja a través de Facebook o Twitter.

La forma de lidiar con este mal moderno es ponerle límites al uso de la tecnología. Pon estos consejos en práctica:

  • Por cada una hora que trabajes, descansa 10 minutos: Aléjate de los computadores, tablets y smartphones. Ve a prepararte o comprar un café, aprovecha de hacer un trámite, anda al baño. La idea es que durante esos 10 minutos no te acerques ni a una Vendomática.
  • Para un rato con el chateo y el email: Salte de esos grupos de WhatsApp que no te dejan en paz. Quizás tus amigos no tienen problemas con estar perdiendo el tiempo conversando a cada rato chat, pero a ti te está haciendo daño. Lo mismo con el correo: nadie se va a morir si no respondes un email apenas llega.
  • Escribe a mano: Esos objetos tan vintage que están en tu casa se llaman lápices y bolígrafos. Quizás no te acuerdes, pero hubo un tiempo que fue hermoso en que tenías que usarlos para escribir “mi mamá me mima” o engrupir en una prueba en la que no estudiaste. La próxima vez que hagas la lista del supermercado, que debas anotar un recordatorio, evita el Evernote o el Word y escribe en un papel.
  • Intercambia trabajo sentado con trabajo de pie: Lo hemos dicho antes, pero lo repetimos. Trabajar sentado es el nuevo cigarrillo, provoca daños importantes en la salud ya que es el cómplice principal de nuestro sedentarismo. Cada cierto rato, párate y ve a hacer actividades que requieran estar de pie. Toma tu computador y llévalo a la cafetería de la oficina, donde están esas mesas altas, y dedícale un rato a trabajar parado.
  • Evita malas posturas corporales: no te acuestes en la silla, te hace muy mal. Siéntate con la espalda apoyada en un respaldo rígido o semirrígido.
  • Antes de dormir, nada de teléfono: Si no alcanzaste a ver el noticiero, no importa. Si no respondiste ese mensaje en Facebook, tampoco importa. Si te vas a dormir, deja todos los gadgets de lado y relájate por unos minutos. Si usas el smartphone como despertador, pon la hora y listo: evita la tentación de ver el diario online o de ponerte a chatear. Es tarde y mañana tienes otro día más para informarte y socializar.