Traje impecable en tonalidades de gris claro, nudo de corbata perfectamente atado y colleras deslumbrantes. Siempre recuerdo -no con cariño- a un alto ejecutivo comercial de uno de mis antiguos empleos, con aura altiva, gallarda, saliendo del baño sin lavarse las manos. No una, sino que en múltiples ocasiones. Afortunadamente nunca tuve que estrechar su mano, pero más de alguna vez imaginé a todas las personas que apretar esa palma después de que el tipo descargara sus necesidades biológicas, sin siquiera ponerse un chorro de agua entre los dedos. Ni hablar de jabón.

Haga calor o haga frío, lavarse las manos no solo es cuestión de modales y civilidad. Se trata de un acto de salud pública esencial para evitar transmisión de enfermedades que pueden estar presentes, por ejemplo, en las heces. La prevención es vital aunque nadie de un peso por un simple y rápido comportamiento.

Un estudio reciente en Estados Unidos entregó resultados para vomitar. 12 investigadores se desparramaron por baños públicos de la ciudad de East Lansing, en Michigan, y controlaron a 3.700 usuarios. Según sus observaciones, la gente ama la cochinada: uno de cada diez no lavó sus manos, dos de tres usaron jabón, y solo uno cada 20 enjuagó sus manos por al menos 15 segundos. La recomendación es 20 o lavárselas mientras “Happy birthday to you”.

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre lavarse las manos con o sin jabón? De acuerdo al International Journal of Enviromental Research and Public Health, usar jabón liquida el 92% de los organismos que viven o se acumulan entre palmas y dedos. Ponerse agua solo aniquila el 77% de las bacterias o virus presentes.

¿Tú te lavas las manitos?