Trabajar desde casa tiene múltiples elementos a favor, no nos confundamos. No mamarse un taco -en auto o en micro-, no andar apretado en el metro, no ver la cara del jefe o no ir a estúpidas reuniones son razones suficientes para poner la oficina en el living y andar con la cara llena de risa.

Sin embargo, tampoco es el paraíso que idealizamos en nuestras cabezas. Gran parte de mi trabajo lo hago desde mi sacrosanto hogar y en la experiencia me he dado cuenta que también existen algunos bemoles, desventajas, inconvenientes e incertidumbres.

1 ¿Cuándo sacarse el pijama?

La recomendación es que quienes trabajen desde casa repliquen la rutina diaria de quien va a una oficina. Despertarse temprano, bañarse, vestirse. Pero para ser honesto: ¿cuál es el punto? Nadie va a molestarte. Hoy nadie golpea tu puerta sin avisar -excepto por los Testigos de Jehová-. Quedarse en pijama, entonces, es uno más uno. A veces hasta las 10, a veces hasta la 1, a veces hasta las 4 de la tarde. Lo único claro es que en algún momento hay que sacárselo. No importa la hora

2 Trabajas todo el día

Que estés en pijama no significa que no trabajes. De hecho, mientras estás en casa, trabajas más. Es difícil establecer límites de horario. Por estar en casa, muchas veces extiendes tu jornada, respondes correos cuando no debieras hacerlo y siempre das un esfuerzo extra porque no debes volver a casa. Sin dudas, un arma de doble filo.

3 Tu vida social es el chat

Es bueno no ver al jefe, es bueno no ir a reuniones, pero a veces uno necesita contacto con otros seres humanos, decirle “hola” a la señora del quiosco en el paradero, sacar la vuelta con un compañero. En la casa, la vida social se reduce al Gchat, al WhatsApp, a un DM por Twitter o al chat de Facebook. Tristeza y desolación.

4 Eres presa fácil de las distracciones

Por inmensas que sean tus capacidades de concentración y rigor laboral, siempre caerás ante las amenazas distractivas que acechan en tu casa. Pueden ser las redes sociales, los juegos de tu celular, la radio, la TV, el PlayStation, los libros que tienes en tu biblioteca o la feroz tentación de una siesta de horas en tu sillón. Hay que tener cuidado.

5 Se desordenan tus comidas

Trabajar desde casa suprime la noción de horario y eso afecta tanto tu rendimiento como a actividades intrínsecas al ser humano. Un ejemplo es la comida. Tener la oficina en la casa desordena tu dieta. Hay días que tomas desayuno a las 8, otros días a las 12, y hasta quizás no tomas desayuno. Lo mismo pasa con el almuerzo. ¿A la 1? ¿A las 4? Todo es relativo. Otro elemento a considerar es que el refrigerador está a dos metros. Sumamente peligroso.

6 Pierdes la idea de movimiento

Parafraseando a Charly García, trabajar en la casa es igual a ir de la cama al living. Y en el living, de la mesa al sillón. Esa, en definitiva, es tu cuota de actividad física diaria. Eres uno de los que alimenta las estadísticas sobre los riesgos asociados al sedentarismo. ¿Qué es caminar? ¿Qué es subir una escalera? ¿Qué es trotar?

7 El qué dirán

No te sacas el pijama, no sales de tu casa, te distraes. Todos esos elementos te dejan expuesto al cotilleo externo de la sociedad de consumo: pareciera que no haces nada, que eres un vago, que eres el peor ser humano en la Tierra. Pero insistimos, trabajar en la casa sí es trabajar, y pese a todas las desventajas, uno lo hace con la sonrisa ancha.