Es muy interesante que hayas podido estudiar en Harvard, el MIT o La Sorbonne, pero hay una chance de que nadie lea tu currículum a la hora de buscar un trabajo. ¿La culpable? La tipografía, el tipo de letra que utilizaste al escribirlo.

Parece una pequeñez, una minucia, pero hay fuentes y fuentes. Bloomberg Business consultó con expertos y se encontró con algunas sorpresas.

TIPOGRAFÍAS PROHIBIDAS

Lo primero es lo primero: listar las letras que no te llevarán a ningún lado.

  • Comic Sans. Parece obvio, sus formas lo dicen todo, pero no falta quien cree que el trabajo al que se postula es una compañía de payasos o la presidencia de kindergarten. Si el empleo es realmente una compañía de payasos, olviden lo dicho.

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  • Courier. No, aunque sea hipster ya nadie escribe en máquina de escribir.

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  • Times New Roman. ¡Ouch! Golpe bajo e inesperado. Nos ha acompañado toda la vida, apareció por primera vez en 1932, en el diario inglés “The Times”, y ese es precisamente el problema. Brian Hoff, uno de los expertos, lo resume al hueso: “Es como ponerse pantalones de buzo” para la entrevista de trabajo. Tan cómoda que se volvió hogareña.

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Para poner un poco de nuestra cosecha, evitar también la Arial (sobre todo tamaño 14 y doble espacio) y cualquier tipografía que parezca escritura caligráfica del siglo XVI.

TIPOGRAFÍAS DEL ÉXITO

Algunas buenas posibilidades son Calibri, Georgia y Trebuchet, pero los expertos destacan dos sobre el resto:

  • Garamond. Transmite experiencia, distinción, elegancia

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  • Helvética. Es la gran ganadora, la apuesta segura. Creada en 1957 por Max Miedinger, en Münchestein, Suiza, es “profesional y honesta”, dos cualidades que cualquiera quiere tener en su oficina.

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