El turismo es una práctica que tiene múltiples motivaciones, desde la simple inquietud por conocer lugares del mundo hasta satisfacer el morbo que provocan los sitios que albergan escabrosas historias de terror. En este sentido, el bosque de Aokigahara es un paisaje que por su belleza natural se hace atractivo, pero más lo es por las historias, muchas de ellas verídicas, que han sucedido y siguen ocurriendo en esas 3 mil hectáreas ubicadas en las faldas del monte Fuji, cerca de Tokio, Japón.

El bosque se asocia a la mitología japonesa, en escritos de más de mil años, que indican que Aokigahara es un lugar maldito. La historia también señala, pero de forma exacta, que este fue un sitio ceremonial para los Samurais, escogido para hacerse el harakiridespués de ciertos actos de deshonra, debilidad o sacrificio religioso. ¿Ya van captando el atractivo turístico?, pues estamos cerca.

Entonces, ¿Qué es eso que motiva a gran cantidad de turistas, movidos por la morbosidad, a visitar este tupido y exuberante bosque? … el suicidio. Por décadas este lugar ha sido el favorito para los suicidas japoneses. Sí, cada año cientos de nipones visitan este bosque, también conocido como Jukai (mar de árboles), se sumergen en sus profundidades y terminan ahogándose. Nunca más salen a flote y quedan esparcidos en ese mar que tranquilo los baña.

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El letrero que intenta convencer a los suicidas de no matarse.

Como todo parque tiene un letrero a la entrada que informa a los visitantes, pero en este caso no son las consabidas instrucciones que se acostumbran sino que un mensaje dirigido a los suicidas: “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Busca ayuda y no atravieses este lugar solo”. Perdonarán si no es literal ya que el idioma japonés no es mi fuerte, pero vaya que si lo es el mensaje de bienvenida.

Teorías respecto de por qué este bosque, por décadas, se ha transformado en el lugar de los suicidas hay muchas, pero la más razonable es que la ley que castiga el suicidio obligando a la familia a pagar todos los gastos ocasionados por quien se quita la vida. Entonces, mejor es internarse en este sitio ya que por su gran extensión y tupido follaje retrasará que el cuerpo sea encontrado. Muchos nunca han sido hallados, mientras que otros restos aparecen con datas de muerte de 200 años y más.

Respecto de las víctimas, no hay cifras totales, pero hay datos estadísticos parciales. Por ejemplo, en la década del ’50 se hallaron restos correspondientes a 500 personas, la mayoría no superaba los 30 años y la causa de muerte común había sido el suicidio. Desde 2002 en adelante, la tasa ha ido en aumento hasta la actualidad. Al ser un problema para el gobierno local, desde 1970 existe un grupo de rescate que, aparte de buscar los cadáveres (anualmente), trabaja en conjunto con la policía para evitar que potenciales suicidas atenten contra su vida. En dichas búsquedas, incluso los propios turistas encuentran diariamente cartas, vídeos, grabaciones y todo soporte que permite dejar unas palabras para los familiares. Así como cuerdas, pistolas, navajas, y otros artefactos  que sirven de arma para cometer el suicidio.

Ya como datos anecdóticos, a modo de tomarse una pausa en este espeluznante tour, el bosque es el segundo lugar en el mundo, después del puente de Golden Gate (EE.UU) donde se comete suicidio, y el primero dentro de Japón. También se dice que los yacimientos de hierro que hay en el lugar provocan que Navegadores Satelitales (GPS) y brújulas no funcionen y el paseante pierda el rumbo, extraviándose como en un laberinto del cual nunca más pudo salir.

Finalmente y como era de suponer, el bosque Jukai ha dado lugar a una gran cantidad de mitos urbanos y leyendas del pasado, así como un espacio para la literatura. En 1993, el escritor  Wataru Tsumuri publicó el libro “El completo manual del suicidio”. Un pasaje menciona que este bosque es un buen sitio para cometer suicidio ya que es considerado, por muchos psíquicos, como un portal hacia la muerte donde el suicida será bienvenido por los otros.

No sé si este sea el turismo que me gustaría practicar. Primero debiera probar con los tours que hacen por los cementerios famosos como el Père Lachaise en París, La Recoleta en Buenos Aires o simplemente el Cementerio General en Santiago de Chile, donde resido, antes de pensar siquiera en visitar el bosque Jukai, a los pies del Fuji. Más me tienta subir el monte, ir a Tokio, comer Sushi y sería, gracias.

Interesante tour guiado por un experto nipón en todo lo que rodea a este mítico bosque: