Continuando nuestro tour por ciudades de España (ya visitamos Tenerife, Valencia y Cuenca), hoy ponemos frente a vuestros ojos, el pequeño pero encantador municipio de Albarracín. Contiguo a la ciudad de Teruel, el pueblo que apenas supera los mil habitantes, goza de un esplendoroso pasado que se mantiene intacto en su arquitectura.

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Por Albarracín pasaron celtaslobetanos, tribus de la Edad de Hierro y de las cuales aún quedan vestigios rupestres en las inmediaciones. Sin embargo, fueron las sucesivas conquistas y reconquistas durante la época medieval las que le dieron forma al pueblo y que hoy son el legado que invita a visitarlo.

Como muchos saben, la ocupación de España por los árabes, que se extendió por ocho siglos, importó a la península ibérica un influjo cultural que es imposible soslayar y que es bastante visible. Un ejemplo patente de esa huella es la arquitectura que actualmente exhibe Albarracín.

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En el caso de esta provincia española, la ocupación predominante fue de etnias de norafricanas, especialmente, los Bereberes, quienes aún pueden ser encontrados en el desierto de  Marruecos.

Durante la Edad Media (siglo XI), los Bereber se convirtieron en la dinastía soberana en la Taifa de Albarracín. Es más, dentro de las teorías que señalan la toponimia (nombre de un lugar) de este pueblo, se declara que proviene del árabe al-Banu Razin (la ciudad de los hijos del Razin).

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Sin embargo, en Albarracín no hay solo influjo bereber, también hay indicios propios de la España medieval con castillos, catedrales y extramuros fortificados. Nada más aproximarse al pueblo, desde el camino se comienzan a ver algunas de sus colosales edificaciones, entre las que destacan:

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A nivel de pie, la ciudad se desborda por los cerros y acantilados que van a parar al río Guadalaviar (Turia), que abraza Albarracín, y de donde también nacen los ríos Tajo, JilocaJúcar y su afluente el Cabriel.

Con esta riqueza natural, entre cursos de río, cerros, quebradas, acantilados y rocas de las más diversas formas y colores, sentarse a orillas del Guadalaviar sobre una manta y con un canasto para disfrutar un picnic con un rico jamón serrano, quesos elaborados en la zona y un buen vino, es todo un placer.

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Si a lo anterior sumamos un recorrido previo por las estrechas calles y callejones con casas de piedra y barro, luego de remontar los lomajes para alcanzar el último tramo de la muralla que encierra todo el conjunto histórico de Albarracín, el paseo es de antología. Dicho sea de paso, en este poblado medieval, no hay edificios modernos. Todo es monumentos e historia.

Por último, un par de consejos. Recorrer Albarracín no requiere más que las ganas, el interés de conocer la ciudadela, un buen par de zapatillas de trekking y la ropa adecuada, según la época del año. Los vehículos prácticamente no ingresan al pueblo. La idea es preservar su condición de Monumento Nacional.

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También resulta interesante recorrerla virtualmente y lo pueden hacer con nosotros a través de la siguiente Galería de Fotos: