En un trayecto que realizamos entre Madrid y Valencia nos detuvimos por algunas horas para contemplar una ciudad española que alteró y sedujo a nuestras neuronas. Nos referimos a Cuenca, conocida mundialmente por sus casas colgadas.

ENTRE MOROS Y CRISTIANOS

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Lo que no es tan conocido por el turista común es que la ciudad de Cuenca tiene su origen bajo el imperio musulmán. De hecho Cuenca deriva del árabe Qunka, fortaleza que construyeron los moros durante la ocupación árabe por ocho siglos.

Sin embargo, a medida que nos aproximamos a la ciudad ubicada a 946 msnm, con un población de 55.428 habitantes (2015), es posible ver también los molinos de viento tan característicos de la zona de Castilla-La Mancha, enclave geográfico donde se levanta la ciudad y la tierra en que Miguel de Cervantes y Saavedra se inspiró para ambientar su célebre Don Quijote de la Mancha.

La mezcla de culturas entre moros y cristianos hacen de Cuenca una la ciudad gloriosa, una ciudad que llena de placer la mirada.

CASCO ANTIGUO

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El gran atractivo turístico de Cuenca está, en gran medida, concentrado en su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1966 (UNESCO). Aquí es parada obligada la plaza mayor, sitio donde está la catedral de la ciudad y que antiguamente albergaba la mezquita Aljama. Su estilo gótico es espectacular y el estado de conservación es tal que se pueden pasar horas contemplándola y descubriendo sus arcos y columnas. Figuras humanas y mitológicas, como las gárgolas, están intactas.

Como todas las ciudades españolas, el legado arquitectónico del patrimonio religioso está en cada rincón de Cuenca. No sólo la catedral gótica es todo un espectáculo visual, sino que también el resto de iglesias, conventos, monasterios y castillos erigidos sobre sus suelos, muchos de los cuales se yerguen en terrenos alguna vez ocupados por mezquitas y otras levantadas por los caballeros templarios o algún monarca.

En Cuenca conviven diversos estilos y en su arquitectura se aprecia el influjo renacentista, barroco, rococó y, por supuesto el mudéjar.

Pero no sólo las iglesias son visita obligada, también hay otras obras de la arquitectura e ingeniería que merecen conservarlas en la memoria y al interior de sus cámaras fotográficas. Es más, nadie se puede ir de Cuenca sin visitar las casas colgantes. Una estructura de varios pisos, con bellos balcones que se enclava en una de las tantas formaciones rocosas que hay en la ciudad.  A toda hora es una maravilla, pero al atardecer se transforma en una postal inolvidable.

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Cerca de las casas colgantes está el mejor sitio para fotografiarlas: el parador nacional y puente de San Pablo sobre la Hoz del Río Huécar, que se ha convertido en la versión española del Puente de las Artes París (de los enamorados). En su estructura metálica penden cientos de candados.

El municipio de la ciudad, que los españoles llaman ayuntamiento, en tanto, es un edificio que como planta baja exhibe tres magníficos arcos que se transforman en el pórtico de entrada a la plaza mayor. Data de 1733 y se construyó según los planos de Jaime Bort, un prolífico arquitecto barroco.

Cuenca también cuenta con castillos y torreones, algunos en ruinas, pero que son vestigios que hablan de su pasado medieval.

EXTRAMUROS DE LA CIUDAD

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Por otra parte, les recomendamos visitar los los alrededores de Cuenca por el encanto de los parajes esculpidos por la naturaleza.

En primer lugar destacamos La Ciudad Encantada, un parque privado con caprichosas formaciones rocosas con más de 90 millones de años, correspondientes al período Cretáceo y declarado Paraje Natural de Interés Nacional (1929). Aquí podrán realizar un recorrido de unos tres kilómetros que a su paso irá develando rocas con formas de animales, puentes, barcos y rostros humanos, entre otras figuras.

La Ciudad Encantada también ha sido escenario de varias películas de las cuales destacamos Conan el Bárbaro, protagonizada por Arnold Scharzenegger.

En el camino, también se pueden detener en el mirador del Ventano del Diablo, en la laguna de Manjanvacas, en el pueblo de Mota del Cuervo, etc. Y si el viaje les abre el apetito hay que parar en algún sitio y probar un guiso de morteruelo o unas tapas de zarajo, dos platos típicos de Cuenca.

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A todo lo dicho, en las inmediaciones de Cuenca también hay registros de asentamientos humanos que corresponden al Paleolítico Superior, fines de la Era de Piedra. La ciudad es, sin dudas, un lugar donde la historia se refleja en cada esquina y donde el entorno natural (con cursos de ríos, montañas y vegetación) potencia su belleza.

Cuenca, básicamente, es una enciclopedia al aire libre.

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