Probablemente habrás escuchado el cliché más de alguna vez al leer una crítica de cine. “El paisaje se transforma en un personaje más de la película”, dicen muchas veces los iluminados esperando que la frase para el bronce aparezca en el trailer del filme o, al menos, en el aviso que aparece en el diario.

Bueno, en la película Ex Machina el paisaje es mucho más que un personaje. Esperando que la siguiente frase si quede escrita en metal o piedra, en este caso “las locaciones no hacen más que competir con la trama de la película”, dejarte tan boquiabierto como el robot Ava (la bella actriz sueca Alicia Vikander), con el serio riesgo de que empieces a preocuparte más de la casa que de la historia que en ella se desarrolla.

En el filme, el multimillonario Nathan (Oscar Isaac), creador del motor de búsqueda más popular del mundo, invita a un programador de su firma de nombre Caleb (Domhnall Gleeson) a pasar una semana probando un producto de Inteligencia Artificial. Para ello, Caleb debe ir a la casa-laboratorio del CEO, ubicada en los remotos y aislados parajes de Alaska.

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Como la realidad, a veces, es mucho mejor que la ficción, la casa del CEO en realidad no es una casa. El hogar del multimillonario es nada menos que el Juvet Landscape Hotel. Y tampoco está en el gélido territorio norteamericano, sino que queda en medio de un hermoso bosque de pinos en Noruega, específicamente en el Valle Valldal del país nórdico. Ese fue el lugar elegido por el director Alex Garland para dar vida a su última creación.

El Juvet Landscape Hotel abrió en 2013 y ha sido aplaudido por su diseño moderno y su simplicidad orgánica. Es parte de un proyecto gubernamental que comenzó en 1994 y que pretende desarrollar 18 rutas turísticas para aprovechar los impresionantes paisajes de Noruega.

Como es un hotel, esta maravilla construida por los arquitectos noruegos Jensen y Skodvin está a nuestro alcance. Bueno, más o menos: si ya lograste costear el pasaje a Noruega, por una habitación doble con desayuno deberás pagar 1.450 coronas noruegas por persona (US$ 187, $118.000 CLP).

Su propietario, Knut Slinning, asegura que el Juvet es llamado “El hotel de los hombros bajos”: “Porque tan pronto como nuestros huéspedes llegan, podemos ver que sus hombros comienzan a relajarse”. Y era que no: tiene una piscina de agua caliente en el exterior, un sauna con impresionantes ventanales. La comida, hecha con ingredientes naturales de la zona, se sirve en mesones grandes para que los turistas se junten en torno a deliciosos almuerzos y cenas.

¿Quieres saber por qué pasa eso? Es cosa de mirar la galería de fotos:

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