Uno realmente no entiende el mundo de las cervezas hasta que pone en su paladar una cerveza hecha por monjes trapenses belgas. Hombres de inmensa sabiduría y que a diario dedican parte de su tiempo en crear sabores divinos para ponerlos dentro de una botella.

Los tipos son especialistas y un ejemplo de la maestría conseguida es la Chimay Grande Reserve Ale Etiqueta Azul.

Un manjar.

Hecha en la abadía Scourmont, fundada en 1862 y uno de los 11 monasterios en el mundo que produce cerveza trapense, la Chimay Azul es una ale cremosa y llena de sabores frutales. Todos muy suaves al gusto. Recientemente le regalé una a mi cuñado, quien gentilmente compartió la experiencia en agradecimiento.

El envase de 750 ml. viene con corcho tipo champagne, por lo que ya al momento de abrirla uno se siente especial. Su color cobrizo oscuro le da estampa, mientras que el aroma expele malta tostada. Ya en el paladar uno se da cuenta que la Chimay Etiqueta Azul está bien balanceada, con tonos frutales (ciruelas, pasas, nuez moscada) que no compiten, sino que se complementan.

Su sabor es tan sedoso que lleva a engaño. La Chimay Etiqueta Azul es una ale fuerte: su graduación alcohólica es de 9%. O sea, no es como tomar agua.

El envase de 750 ml. no es tan fácil de encontrar, pero en Beervana venden botellas individuales. Vale la pena probarla y es ideal para ocasiones especiales o para darte un gusto personal.