Pagar hasta USD 5.000 por un bourbon parece un despropósito. Sin embargo, ese es el monto que algunas personas están dispuestas a desembolsar por una botella de Pappy Van Winkle, el unicornio de los bourbons.

La metáfora no es antojadiza: encontrar el destilado en una tienda es una verdadera odisea.

El origen de este bourbon se remonta a 1931, cuando Julian “Pappy” Van Winkle Sr. fundó la destilería Stitzel-Weller. La compañía se mantuvo en la familia con más fracasos que glorias hasta mediados de los 90, cuando su nieto, Julian III, envió una botella añejada por 20 años al Beverage Tasting Institute. Ahí obtuvo 99 de 100 puntos posibles y la leyenda comenzó a crecer.

Pappy Van Winkle es un buen bourbon y se refleja en su eslogan: “Con ganancias si podemos, con pérdidas si debemos, pero siempre bourbon fino”.

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Su calidad, sin embargo, no es la única razón que lo convierte en una especie de Santo Grial.

Para que un whisky sea considerado bourbon este debe ser destilado en Estados Unidos y contener al menos un 51% de maíz entre sus ingredientes. Luego, se juega con otros granos. La mayoría usa centeno, pero Pappy Wan Winkle prefiere el tono más dulce del trigo. Una rareza.

Hoy el bourbon es producido en la destilería Buffalo Trace Destillery en botellas de 10, 12, 15, 20 y 23 años. Los tres últimos son los más deseados y sus precios sugeridos de retail van entre los USD 80 y los USD 250. Caro, pero no en exceso.

¿De dónde viene entonces la idea de pagar USD 5.000 por una botella? Básicamente por dos motivos:

Uno. Varios famosos han hablado maravillas de su sabor, incluyendo el chef Anthony Bourdain, quien lo llamó “el bourbon más glorioso del planeta”. Incluso una vez dijo que sería un tatuaje en su espalda con la marca.

Dos. Porque la producción total anual no supera las 84 mil botellas, lo que es escaso (Jim Beam, como referencia, produce 84 millones). Muchos obviamente, lo disfrutan por sí mismos, pero no faltan aquellos que especulan y revenden online con precios que van desde los USD 700 a los USD 5.000.

¿Por qué nadie lo compra en la destilería? La respuesta es desalentadora: hay una lista de espera de al menos 10 años.

En otras palabras, si alguna vez tomas un Pappy Van Winkle siéntete un verdadero afortunado.