Qué bella es la generosidad.

Durante un viaje a Youngstown, un pequeño pueblo de Estados Unidos que limita con Canadá, ahí, al ladito de la cataratas del Niágara, tuve un encuentro que uno de los más grandes manjares producidos sobre la faz de la Tierra: la Westvleteren 12, una cerveza hecha por monjes trapistas en la abadía de Sint Sixtus, Bélgica, y que ha sido nombrada varias veces como la mejor cerveza del mundo por Beeradvocate o Ratebeer, entre otros gurús del lúpulo.

Lo de la generosidad, por cierto, no es antojadizo. Conseguir la Westvleteren 12 (la Westvleteren Blond o la Westvleteren 8, las otras dos cervezas que producen en el monasterio) es una tarea titánica. No por su precio, que es bastante razonable (42 euros por un cajón de 24 botellas), sino porque es necesario ir a Bélgica y golpear la puerta de la abadía Sint Sixtus para obtenerla. Y en una de esas ni siquiera eso basta.

Puede que el día que vayas no haya producción o quizás no conoces las reglas de distribución:

  • Debes hacer reserva con anticipación, dar tu nombre y la patente del vehículo en que las recogerás.
  • Un mismo auto debe esperar 60 días antes de hacer un nuevo retiro.
  • Un mismo número telefónico debe esperar 60 días antes de hacer una nueva reserva.
  • Las cervezas se venden a individuos con la promesa de que no serán revendidas.

Suena a trámite y lo peor es que hay días en que la abadía recibe hasta 85 mil llamadas para hacer una reserva. Si eres afortunado, solo puedes comprar un cajón con 24 botellas. Sé que es difícil de entender, pero la abadía no hace la Westvleteren para convertir a los monjes en billonarios, sino que para cubrir los gastos mínimos de subsistencia.

Y es aquí donde volvemos a la generosidad. ¿Quién después de semejante travesía -además de un envío aéreo a Estados Unidos que demoró meses- compartiría su tesoro? La fortuna de conocer a una de esas almas:

 

Westvleteren XII

La Westvleteren 12 es una quadrupel, una ale belga de 10,2 vol.% ABV de color oscuro. Es una cerveza fuerte en descripción, pero una vez que el primer sorbo masajea tu paladar uno se encuentra con una cerveza de textura suave y cremosa, que contiene sabores múltiples y complejos. Se siente la levadura, la dulzura del caramelo, la presencia de frutos secos y un toque amaderado, entre otros ingredientes.

Un apunte necesario: la Westvleteren no se mata en el refrigerador. Se guarda de manera vertical en un lugar oscuro, cuya temperatura sea entre los 12º y los 16º C.

No sé a ciencia cierta si existe una mejor cerveza, pero definitivamente es la mejor que he probado. Si existe el Cielo -sí, ese con mayúscula- y pudiera probarse, el sabor más cercano a este sería el de la Westvleteren 12.

¡Salud por esos monjes!

Para más detalles visita el sitio del monasterio Sint Sixtus que produce las Westvleteren.