Las luces de Manhattan y la idea de que Nueva York es una ciudad que nunca duerme seducen a millones de turistas que visitan la Gran Manzana, y a tantos otros que sueñan con la posibilidad de recorrer sus calles. La experiencia, sin dudas, es alucinante. Subir a la cima del Empire State, cruzar a Staten Island para ver la Estatua de la Libertad, ir al MoMa o caminar por Central Park son aventuras que deben estar en la lista de cualquier persona a la que le gusta viajar. Sin embargo, el estado de Nueva York no es solo eso. Hay un lado B que es tan o más espectacular que los edificios que rodean a Times Square.

Nueva York es también el hogar de Niagara Falls.

Para llegar las Cataratas del Niágara, lo mejor no es ir en bicicleta, sino que en avión. Hay vuelos permanentes desde Nueva York a Buffalo, la otra gran urbe del estado, los cuales no demoran más de una hora. El dato es hacerlo en aerolíneas de bajo costo como JetBlue, donde un pasaje ronda los 200 dólares. En bus o un vehículo, el tiempo es de 6 horas, aproximadamente.

Niagara Falls está compuesto por tres caídas de agua:

  • Horseshoe Falls
  • American Falls
  • Bridal Veil Falls

Son las cascadas con mayor caudal en todo el país y también son parte del accidente geográfico para dibujar un fragmento de la extensa frontera con Canadá: el río Niágara. O sea, las cataratas pueden ser vistas desde ambas orillas. La Horseshoe (herradura) es la más grande, con 53 m. de altura y un ancho de 790 metros. Pertenece a ambas naciones, aunque la mejor vista es del lado canadiense. American y Bridal Veil (Velo de la Novia) están en territorio estadounidense y son un poco más pequeñas, pero igualmente entregan una panorámica majestuosa.

Hay distintos miradores para apreciar su belleza, sin embargo, la mejor forma de ver estas espléndidas maravillas naturales es desde el agua misma. En ambos lados se ofrecen tours a bordo de embarcaciones que surcan el río hasta las mismas gargantas de las cataratas. En el lado estadounidense subimos al “Maid of the Mist”, la doncella de la bruma, en un recorrido de 30 minutos en los que se aprecia el torrente que se vierte. Es un paseo húmedo que justifica la entrega de ponchos impermeables, y en el que se puede ver, escuchar y sentir el rugido de más de 2 millones de litros de agua.

Niagara Falls es bastante turístico, lo cual a veces redunda en filas para tomar el tour marino o para escalar una ladera de la American Falls, la cual tiene un mirador que permite ver la caída del agua desde otra perspectiva. La espera en todo caso es menor y menos caótica que subirse al metro en horario punta.

A la hora del relajo vale explorar las localidades cercanas. Desde Buffalo a pueblos más pequeños como Lewinston o Youngstown. Al segundo se accede desde la última salida en la carretera antes de ingresar a la provincia de Ontario, Canadá. No hay más de 2 mil habitantes y es un villorio que apenas tiene un pub, una heladería, un pequeño supermercado, una iglesia y una gasolinera. Ideal para descansar y para paseos sin frenesí. Sus mayores atracciones son Fort Niagara, un lindo parque que es reserva natural y que cuenta fantásticas canchas de fútbol -sí, soccer-, y el río, el cual se puede recorrer en lancha y en donde se puede nadar o practicar otros deportes acuáticos.