Si hubiera que identificar a un actor cuya influencia y éxito traspasó cada una de las fronteras de los países latinoamericanos -incluyendo a Brasil-, no habría dudas en la emergencia de un consenso en torno a la figura de Roberto Gómez Bolaños. Chespirito (juego de palabras en honor a Shakespeare), a través de sus personajes cautivó a grandes y chicos porque supo identificar carencias, tristezas y alegrías comunes del continente. Siempre desde los más débiles, a quienes retrató desde su honradez, su nobleza e incluso en su empeño por ser personas dignas y letradas.

Esta semana (el viernes 21), Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, cumplió 85 años. La actuación está de lado, descansa en su casa de Cancún, tuitea y sigue enamorado del gran amor de su vida, la chica que siempre estuvo a su lado y a la que terminó por conquistar en una gira por Chile en 1977: la hermosa Florinda Meza.

Según su hijo, RGB no quiere más homenajes, pero para que decir no si sí. Aquí los 5 personajes más importantes de Chespirito

5. Chaparrón Bonaparte

El tipo es un homenaje a lo absurdo. Chaparrón estaba completamente chiflado, al igual que Lucas (Rubén Aguirre), su buen amigo. Estaban listos para el siquiátrico, con diálogos del tipo:

  • Oye, Chaparrón, ¿sabías que la gente diciendo que tú y yo estamos locos?
  • ¿Que tú y yo estamos locos, Lucas?
  • Figúrate
  • No hagas caso, Lucas

O:

  • Oye, Lucas
  • Dígame, Licenciado
  • Licenciado
  • Gracias, muchas gracias
  • No hay de queso nomás de papa
  • Oye, Lucas

Chaparrón además solía hablar de Checoslovaquia y sufría de la chiripiorca, extraño mal que lo hacía moverse de manera poco ortodoxa.

4. Doctor Chapatín

Como su título lo dice, Chapatín se dedicaba a la medicina. Una bien particular y que buscaba soluciones en lo literal, en lo obvio o en lo absurdo. De carácter mañoso, Chapatín era medio escrupuloso y cada vez que se describía algo que potencialmente no era placentero de visualizar, decía “ya me dio cosa”. Su oficina tenía varios elementos del pasado, pero odiaba que hicieran referencia a su edad. “¿Insinúa que soy viejo?”, replicaba y si era mucha la ofensa solía golpear a su interlocutor con la bolsa de papel que siempre tenía entre sus manos. ¿Qué había en su interior? “Qué le importa”, respondía cada vez que le preguntaban.

3. Chompiras

¿Puede haber un ladrón honrado? ¿un ladrón noble? Latinoamérica está lleno de cuentos y mitos urbanos de ladrones que no le hacen daño a nadie, ladrones desde la necesidad y la oportunidad (sin violencia, sin estafa, sin usura). Tiempos pasados, eso sí. El Chompiras rescata un poco ese espíritu, casi de ladrón inofensivo. Nunca se supo su nombre real, porque siempre lo cambiaba: ¿Aquiles Esquivel Madrazo, Parangaricutiridolfo Parangaricutigodinez, Mimí, Luisa Lane? Tenía una novia, la Maruja, a la que nunca tuvimos el placer de conocer y vivió dos etapas.

Con el Peterete (Ramón Valdés)

Con el Botija (Edgar Vivar) y la Chimultrufia (Florinda Meza)

Míralo por el lado amable, Boti.

2. Chapulín Colorado

Chapulin ColoradoUn año antes de El Chavo del Ocho, Chespirito metía un golazo con el Chapulín Colorado, una especie de sátira hacia los superhéroes. Su popularidad es abismal y se refleja a nivel de objetos y símbolos de culto:

Su escudo es un corazón con la CH en su interior

  • El chipote chillón
  • La chicharra paralizadora
  • Las pastillas de chiquitolina
  • Las antenitas de vinil

Y una larga lista de frases que se colaron en el habla popular y que solo reafirman su penetración en una cultura televisiva emergente, hacia comienzos de los 70, y en adelante.

  • Oh, y ahora ¿quién podrá ayudarme?
  • No contaban con mi astucia
  • Lo sospeché desde un principio
  • ¡Síganme los buenos!
  • Todos mis movimientos están fríamente calculados
  • Chanfle
  • Se aprovechan de mi nobleza
  • Calma, calma que no panda el cúnico

 

El Chapulín Colorado también es innovador, gracias al uso de tecnología como el Chroma Key (pantalla verde) y el uso de efectos especiales. Pero su mayor éxito reside en el guión, en mostrar que un héroe – a diferencia de lo que muestra la literatura gringa- tiene derecho al miedo. Es más, Chespirito cree que un héroe puede fracasar, y que un héroe es realmente alguien que enfrenta sus miedos y los supera.

1. Chavo del Ocho

Chavo, Chavito. Chespirito dice que el Chapulín Colorado le abrió las puertas y que con el Chavo del Ocho se ganó el cariño de la gente. Roberto Gómez Bolaños interpreta a un niño que si bien dice vivir en la casa 8 de la vecindad pasa todo el tiempo en un barril. Nadie sabe de su familia. Solo está con sus travesuras, con sus amigos el Quico y la Chilindrina, y estableciendo en los dúos cómicos más increíbles de la historia junto a Ramón Valdés, Don Ramón. O Ron Damón, como el Chavo lo pronuncia.

Lo grandioso del personaje es que desde la perspectiva de un niño refriega los defectos de los adultos, de una sociedad llena de prejuicios hacia el pobre -el capítulo del ratero es el más elocuente al respecto- y en la que se establece a la educación como el motor de la civilización. El Chavo, Quico y la Chilindrina son porros a morir, pero la alabanza al magisterio encarnada por el Profesor Jirafales (Rubén Aguirre) es sublime.

El éxito del Chavo es ese, común a toda Latinoamérica: estudia o trabaja (es interesante el punto sobre el trabajo infantil) no necesariamente desde un punto de vista de la producción, sino de que la labor dignifica.

Al igual que el Chapulín, por cierto, el Chavo del Ocho es la fuente de cientos de frases que hoy son parte del vocabulario latinoamericano. No de una generación, sino que dos o tres. ¿Algunas inolvidables?

  • Se me chispoteó
  • Eso, eso, eso
  • Es que no me tienen paciencia
  • Ahora sí que te descalabro los cachetes
  • Ahora sí que te tocó el Ocho
  • Bueno, pero no se enoje
  • Fue sin querer queriendo
  • ¿Qué de qué?
  • ¿Y yo qué dije?
  • Sale y vale (salivale)
  • Pi, pi, pi, pi

Al final, recomendamos este repaso de CNN con 85 frases de Chespirito en sus 85 años