Tres días de duelo no serán suficientes para que latinoamérica llore la partida de Gabriel García Marquez, el escritor colombiano, Nobel de Literatura (1982), que nos dejó a los 87 años producto de una neumonía.

Deja tras su partida un enorme legado, que se manifiesta no solo en obras eternas sino principalmente en la influencia sobre un grupo importante de escritores del continente. Y también sobre periodistas, porque “Gabo” amaba esta profesión al punto que dejó el Derecho para dedicarse a ejercerla. Para él, era el mejor oficio del mundo.

Ahora que nos dejó en este triste Macondo, queremos homenajearlo y ver, por unos minutos, el mundo según Gabriel García Márquez.

 

García Márquez y el porqué se convirtió en escritor

En los setenta, su amigo y colega Plinio Apuleyo Mendoza le preguntó si fue la influencia de su abuela materna (Tranquilina Iguarán Cotes, con quien se crió hasta los 10 años) la que le permitió descubrir su pasión por escribir.

—“No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: ‘Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa”.

 

García Márquez y su pelea con Vargas Llosa

El 12 de febrero de 1976, Gabriel García Marquez y Mario Vargas Llosa se enemistaron. Nadie conoce las causas reales y ambos premios nobel jamás se encargaron de dilucidar el misterio. Las consecuencias de la pelea fue un ojo morado, un odio que persistió por años y que el tiempo fue aplacando.

Nadie sabe con certeza las causas de la pelea. Sólo se sabe que ocurrió durante el estreno privado de “Supervivientes de los Andes”, la primera versión cinematográfica del accidente de avión ocurrido en la cordillera chilena en que sobrevivieron milagrosamente un pequeño grupo de rugbistas uruguayos.

Algunos testigos comentaron que Gabo se acercó a saludar a Vargas Llosa y este le dio un derechazo. Hay quienes afirman que con el golpe, el peruano lo insultó por “lo que le hiciste a Patricia”, la esposa del escritor del Rímac.

Otros comentan que las razones de su lejanía fueron más políticas que personales. García Márquez era un ferviente izquierdista y Vargas Llosa dejó su postura inicial de izquierda para abrazar las ideas liberales y proclives al libre mercado. El peruano lo llamó alguna vez “cortesano de Fidel Castro”.

El incidente quedó registrado en una foto que muestra a un sonriente García Márquez exhibiendo orgulloso su moretón en el ojo izquierdo. El fotógrafo, Rodrigo Moya Moreno, comentó en el 2013 que le costó mucho sacar esa sonrisa. “Realmente, Varguitas lo había dejado mal y se veía más bien triste o deprimido. Pero la sonrisa que le saqué hizo de aquel desaguisado una cosa sin importancia. Al terminar, Gabo me dijo al despedirse: ‘Me mandas un juego y guardas los negativos”.

 

García Márquez y el periodismo

Antes que escritor, podríamos decir que Gabriel García Márquez fue periodista. Colega, a mucha honra. Porque aunque su primer impulso fue estudiar Derecho, “a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso”.

García Márquez comenzó a ejercer la profesión en los 50 en los diarios “El Universal” de Cartagena y “El Heraldo” de Barranquilla. En el primero, hizo de todo, incluso críticas de cine, las que firmaba bajo el seudónimo de “Séptimus”.

Sin embargo, probablemente uno de los primeros hitos de su carrera periodística fue una serie de crónicas publicadas en “El Espectador” de Bogotá sobre el marinero colombiano Luis Alejandro Velasco, un tripulante del buque militar que en 1955 sobrevivió a un accidente en el barco A.R.C. Caldas. La idea original fue del director del diario, Fidel Cano, quien recordó esa información y le encargó las crónicas.

“Cuando (el marinero) llegó a El Espectador ya era un relato frío, un ‘pez muerto’, porque él ya había hablado en todas partes” cuenta Cano, y añade que García Márquez lo recibió y entrevistó. Gracias a sus entrevistas, el Gabo descubrió un escándalo: el marino cayó al mar por culpa de cargamentos de contrabando que se soltaron en la cubierta, no por causa de una tormenta como había informado la Armada colombiana.

Durante su discurso en la 52º Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, el periodista y escritor dijo: “La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo… como nosotros mismos lo llamábamos”. Para Gabriel García Márquez, “aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”.

 

García Márquez y las grabadoras

Periodista y grabadora. Para quienes ejercen la profesión, el aparato que permite registrar las conversaciones con las fuentes es una herramienta esencial en un mundo de desconfianza y mala memoria en donde el más pintado puede desconocer algo que dijo.

Para García Márquez, sin embargo, el aparato era lo más cercano al demonio. “La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista”, señaló.

“La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró”, dijo el autor de “Noticia de un secuestro”, quien creía que la solución era volver “a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable”.

 

García Márquez y “Cien años de soledad”

14 meses estuvo Gabriel García Márquez escribiendo la que, de seguro, es su novela más recordada y destacada. En su casa en Ciudad de México, comenzó un día de octubre de 1965 a relatar la historia de siete generaciones de la familia Buendía, que sucede en Macondo y que comienza con el matrimonio de los primos José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán.

Publicada en junio de 1967 por la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, traducida en más de 40 idiomas, tuvo un tiraje inicial de 8.000 ejemplares que se acabaron a los 15 días. Éxito total.

A pesar del éxito, o quizás debido al éxito, García Márquez llegó a odiar la novela. Así se lo dijo en 1991 al periodista español del diario “El Semanal” que lo entrevistó mientras estaba en Sevilla.

Al referirse a cómo había enfrentado este abrumador éxito, respondió:

GGM: Una conmoción. Y no para bien. El acoso al que he sido sometido me ha perturbado. Desde entonces mi vida ya no es la misma. No soy una persona normal. Trato de separar el antes y el después, pero resulta muy difícil: amigos a los que creía fieles han vendido mi correspondencia, la gente se te acerca y nunca sabes sus intenciones… Asimilar un éxito tan desmedido es tarea de héroes, y yo no soy ningún héroe, soy una persona bastante débil.

Periodista: Conan Doyle acabó renegando de Sherlock Holmes. El personaje terminó devorando a su creador. ¿Le ha ocurrido a usted algo parecido?

GGM: Yo no reniego de ‘Cien años de soledad’. Me ocurre algo peor: la odio.

Periodista:  ¿Por qué?

– GGM:  Está escrita con todos los trucos de la vida y con todos los trucos del oficio. Eso no lo ha sabido ver ningún crítico. Los críticos tratan de solemnizar y de encontrarle el pelo al huevo a una novela que dice muchas menos cosas de lo que ellos pretenden. Sus claves son simples, yo diría que elementales, con constantes guiños a mis amigos y conocidos, una complicidad que sólo ellos pueden entender.

 

García Márquez y el fútbol

En junio de 1950, García Márquez conoció el fútbol. No como el deporte propiamente tal, sino como aquel torbellino de emociones que se viven desde las gradas y que transforman al más empaquetado en un energúmeno.

Se jugaba el encuentro entre Junior y Millonarios. Gabo decidió ir al estadio temprano y contar su experiencia en una crónica titulada “El juramento” que fue publicada en “El Heraldo” de Barranquilla. Su relato tiene la inocencia y la lucidez de quien descubre algo fascinante por primera vez. Destacamos algunas de esas verdades que el periodista y escritor escribió:

“Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol, con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que pueda ser considerado como el último rastro de civilización, que fui ayer en las graderías del municipal”.

“El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo, fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo”.

“Por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía”.

“No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago –públicamente– a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien”.

 

García Márquez y la dictadura en Chile

La partida de Gabriel García Márquez es, para muchos chilenos, una pérdida no solo para el periodismo y la literatura. Se perdió también a un férreo defensor de la libertad de prensa y los derechos humanos cuya reacción de rechazo al golpe de estado de 1973 fue categórica e inmediata.

Su relación con Chile fue cercana. En 1975, se va de Barcelona a México y declara que no volverá a escribir una novela mientras no se acabe la dictadura en este país.

“Sus escritos difundieron por el mundo y ayudaron a denunciar lo que estaba ocurriendo en Chile. Escribió inmediatamente después del golpe (de Estado), en 1974, sobre Chile. Fue un hombre que acompañó la tragedia de Chile de los años de la dictadura. Por lo tanto, es una persona a quien Chile le debe muchísimo también”, afirmó la ministra de Cultura, Claudia Barattini.

En 1979, el cineasta chileno Miguel Littin filma “La viuda de Montiel”, basada en el cuento de García Márquez. El escritor y el cineasta se hacen amigos. Gabo escribe en 1986 el reportaje “La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile” que narra lo que el cineasta hizo para ingresar al país a pesar de la prohibición del gobierno militar.

Sobre El Autor

Periodista, Padre Primerizo desde 2013, "Bicho de Internet" desde 1997 y guitarrista desde el 2015. Volvió a ejercer la profesión más antigua del mundo: la de dar a conocer informaciones a la comunidad. También es Co-Director de RevistaXY.com