La mejor forma de educar a los hijos es predicar con el ejemplo. Esto se extiende a todo tu entorno, pero en lo que respecta a la relación padre e hija es muy importante. Tu conducta, el modelo que proyectas, en un alto porcentaje de los casos será lo que tus hijas buscarán o esperarán de una pareja el día de mañana. Hacerlo mal puede significar algún trauma que no permita una relación natural y fluida cuando ellas busquen su media naranja.

Hay muchos consejos que se pueden dar. La experiencia personal y lo que dicen los expertos en relaciones humanas a veces pueden ser obvios, pero no por eso son evidentes ni errados por lo que no está demás repetirlos.

A continuación te entregamos 10 consejos para que tus hijas te vean como el mejor papá del mundo.

  1. Aunque a veces resulte difícil, mantén una relación de respeto y afecto con la madre de tus hijas, tanto en público como en privado. Si están separados, deja todos los problemas que tengas con tu EX de lado y mantén con ella una relación cordial.
  2. Siempre hazte el tiempo para estar presente e involucrarte en los intereses de ellas. Las hijas son más demandantes del cariño paterno que los hijos, pero eso no implica dejar a los hombrecitos de lado. La clave es calidad e igualdad. Y la Regla de Oro, nunca faltes a un cumpleaños.
  3. Intégralas en tus rutinas varoniles como jugar a la pelota, ir al estadio, andar en bici o motocicleta y hasta cambiar un neumático del auto. Tu debes participar de sus actividades, pero ella también de las tuyas.
  4. Cuando ella esté pasando por malos momentos en que el desconsuelo se transforma en llanto o una pesadilla le quita el sueño por la noche, ayúdala, cobíjala y hazle sentir que nunca estará sola.
  5. No te cohíbas a la hora de cambiarle los pañales, bañarla, ponerle la ropa. Es una tremenda experiencia y ganas puntos tanto con tu hija como con la madre. La responsabilidad es y debe ser compartida entre padre y madre. Colaborar es lo que se estila en los tiempos modernos y, mejor aún, si tomas la iniciativa y no lo haces a regañadientes, porque la mamá te obligó.
  6. Baila con ella. No es necesario esperar hasta el día de su matrimonio, puede ser en todo momento y lugar. Cuando crezca verás que nunca lo olvidó.
  7. Dile en todo momento que es bella, inteligente y que la quieres mucho. No es ningún secreto que las mujeres, incluso en la postrimerías de su vida, quieren sentirse amadas y las palabras de afecto son muy importantes. Sólo el Alzheimer puede justificar tus omisiones. Si tu fuerte no son las palabras, entonces escríbele cartas y busca el mejor momento para dárselas, tal vez cuando sea mayor de edad.
  8. Si te pide clases de lo que sea y en las que puedas ser parte, sólo hazlo. Probablemente con tutú o malla a lo bailarín del Bolshoi no te verás muy bien, lo entendemos, pero en este caso al menos no te pierdas sus presentaciones. Mejor aún si llegas con el acostumbrado ramo de flores.
  9. En fechas importantes como Navidad o cumpleaños, cambia los regalos por experiencias de vida. No seas tacaño: dale un obsequio aunque sea simbólico. Pero privilegia aquellas cosas que recordará toda la vida: viajes, paseos en familia.
  10. A medida que vaya creciendo, concédele los espacios y la libertad necesaria, independiente de lo difícil que esto sea. Guarda el fusil y los guantes de boxeo, hazle sentir que confías plenamente en ella. Pero de hombre a hombre… nunca bajes la guardia.

Bonus: El día en que se enamore del macho de la camada llegará, es inevitable y deberás aceptarlo. En este punto es difícil dar recomendaciones, pero la clave será ir generando la confianza con tu hija a medida que se va acercando el momento de sus primeros noviazgos y salidas. Así, ella no tendrá temor de decirte que conoció a alguien especial y para ti no será una sorpresa desagradable. Un buen consejo es decirle que nunca estará sola y que el día que necesite regresar al hogar, la puerta estará abierta y ni siquiera importará el motivo. No habrá recriminaciones.

Sobre El Autor

Periodista de carrera irregular que por su falta de convicción en cuanto a su elección se transformó en un alma en pena que abandona y retoma, cada cierto tiempo, el ejercicio de su profesión. Al parecer algo de periodismo hay en su ADN puesto que aún sigue en esto.