Actualmente son muchos los objetos que sirven a la tentación curiosa o enfermiza de hombres y mujeres. La modernidad ha incorporado a la vida cotidiana el teléfono móvil, el tablet o el computador portátil, lugares en que tanto hombres como mujeres acuden en busca de información que confirme sus sospechas. Porque para buscar un llamado telefónico de un número desconocido, un mensaje de texto comprometedor o una foto, hay que tener sospechas.

Pero la billetera y la cartera siguen ostentando un lugar de privilegio al momento de dar rienda suelta a la curiosidad. El hombre queriendo revisar la cartera, donde las mujeres suelen guardarlo todo, en búsqueda de información respecto de algún detalle que la delate. La mujer hurgando por papeles, números, boletas o mensajes en la billetera.

Este objeto masculino es la olla del duende, no sólo está el dinero sino que la información que algunas mujeres persiguen de sus hombres. Tengamos mucho o nada que esconder, lo que aquellas señoritas no entienden es que este accesorio es parte importante del metro cuadrado, de aquel espacio personal que el macho protege con tanto celo y que a requerimiento del mismo debe ser respetado. Pero algunas féminas no parecen venir con ese código incorporado en su ADN.

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Si no quieres ver esta cara en tu pareja no te metas en su billetera.

Muchas historias, algunas anecdóticas y otras no tanto, se cuentan sobre este mal hábito de algunas chicas de visitar sin permiso ni previo aviso este terreno sagrado que es el accesorio masculino en el cual se reúnen los bienes más preciados del hombre. Incluso hay algunas historias que son de antología y se han convertido en verdaderos mitos urbanos. Recuerdo una en que el marido tenía varios comprobantes de pago con tarjeta de crédito de una tienda de arte chino. Cómo la mujer no veía ni un jarrón, aunque fuera una réplica barata de la Dinastía Ming, las sospechas inundaron su mente. Por eso no se detuvo En resumen, como son las del sexo débil -que por cierto es un muy mal adjetivo-  no sesgó hasta descubrir que había detrás de estas compras. Su sorpresa fue mayúscula al percatarse que su marido frecuentaba un motel de propiedad de un chino que tenía bajo la misma razón social ambos negocios. Quizás el mismo dueño escondía a su mujer ser propietario de este templo del placer y/o perdición, depende del punto de vista con que se mire.

Por otra parte, aún si no hay nada que esconder, la billetera es celosamente custodiada por su propietario, lo que a lo menos despierta la curiosidad del otro. La vida en pareja tiene pocas instancias y lugares donde se pueda sostener un espacio para ejercer la libertad individual. Como lo dijera en párrafos anteriores, el metro cuadrado es sagrado y debe ser respetado como tal. Si una  chica osa acercarse a tu billetera no queda otra que: Vade Retro Satanás. Si bien nos gustan las diablas, si traspasan los límites de nuestra frontera sin la anuencia, el gusto se vuelve amargo y agraz.

Si eres una de esas chicas, te invito a que respetes el metro cuadrado del otro. Tus sospechas pueden ser comprensibles, pero no te dejes llevar por tus impulsos y malos pensamientos. Y por sobre todo, ten en cuenta que el respeto es mutuo. Si tu cartera es sagrada, no cometas sacrilegio al tomar la billetera sin antes pedírsela a su dueño. Hay otros métodos de averiguar si duermes con el enemigo.

Sobre El Autor

Periodista de carrera irregular que por su falta de convicción en cuanto a su elección se transformó en un alma en pena que abandona y retoma, cada cierto tiempo, el ejercicio de su profesión. Al parecer algo de periodismo hay en su ADN puesto que aún sigue en esto.