Se suelen decir muchas cosas respecto de ser un padre que está rodeado sólo de mujeres, es decir, hijas y esposa, pero ninguna es muy novedosa: que lo mejor son las niñitas porque se preocupan del padre, que no sólo tu mujer sino también tus hijas van a estar encima y pendientes de ti, que no te van a dejar de sol a sol, que las hijas son del papá y los hijos de la mamá, y una larga enumeración de situaciones que a uno le esperan, para bien o para mal.

Pues bien, en general las situaciones de vida son muy similares y no distan mucho entre uno y otro caso, pero siempre es bueno conocer la versión más íntima y personal de alguien que está viviendo una situación como la descrita, o sea yo.

Primero debo confesar que llegado el momento de ser padre y como todo hombre, guardé secretamente la ilusión de que mi primer hijo fuera un niño, hipócrita sería no reconocerlo, pero una vez aclarada la “identidad” del bebé que me convertiría en papá primerizo sentí algo que no sabría explicar. No fue frustración, tampoco decepción, quizás ¿resignación?.

Igual en los tiempos que corren, lo común son las familias atomizadas y no esos familiones de 6 o más hijos. Es impracticable hacerse cargo de tanta “prole”, principalmente por los recursos económicos necesarios. Hoy la educación no es gratis, la salud es un servicio muy caro… y así.

En resumen, la idea de los padres hoy es la “parejita”, es decir, un hombre y una mujer, pero siempre cabe la posibilidad de convertirse en un “chancletero”, en buen chileno el hombre que engendra sólo mujeres.

Cuándo me llegó la noticia de que sería padre por segunda vez, yo estaba muy contento, satisfecho y muy enamorado de mi única hija y la noticia me produjo una contradicción: no se si quería más hijos en ese momento, pero a la vez volvió el anhelo de un niño para así tener la pareja y satisfacer este sentimiento tan masculino. Además de no escuchar más el comentario bien intencionado, pero majadero de todo el mundo.

Cuando la ecografía del quinto mes despejó la incógnita pudimos saber que finalmente llegamos a tener la pareja y en pocos meses más tuvimos una hermosa “nena”, o sea dos, o sea una pareja, lo mismo que dos.

A estas alturas el interés por tener un hijo ya no fue tema, lo digo sinceramente. Tal vez si vuelven a darme la noticia de que viene otro integrante en el camino quizás vuelva a rondar este fantasma en mi mente.

Lo que sí puede confesar es que no me siento ni sólo ni frustrado, pero si, en muchas ocasiones en desventaja de número y fuerzas ya que las mujeres son el sexo fuerte y no el débil como muchos “estúpidamente” suelen decir. Con conocimiento de causa sólo les puedo comentar que cada día que pasa estoy más conforme con mi familia y cada vez debo hacer esfuerzos sobre humanos para que mis habilidades en la “inteligencia emocional” se desarrollen a pasos agigantados ya que la responsabilidad que me invade con esta conformación familiar me exige un lenguaje que ni  la genética, ni la crianza nos da a los hombres para afrontar un escenario ajeno al estar entre puras mujeres.

Y cuando digo 3 hijas no es en sentido peyorativo sino efectivo. La esposa y las mujeres en general sufren del Complejo de Electra  y con esto uno se termina transformando en el  “papito” de todas las niñas de la casa. Sólo hago un llamado desesperado a dejar este comportamiento en el mundo de la mitología. Para héroes Agamenón… y si quieren súper héroes ahí están Súperman, Spiderman, Batman o Ironman, yo a lo más me podría equiparar con el Chapulín Colorado: “no contaban con mi astucia”.

Sobre El Autor

Periodista de carrera irregular que por su falta de convicción en cuanto a su elección se transformó en un alma en pena que abandona y retoma, cada cierto tiempo, el ejercicio de su profesión. Al parecer algo de periodismo hay en su ADN puesto que aún sigue en esto.