Una de las ideas románticas que, si se me permite ese concepto tan relamido y mal usado por pseudo poetas y artistas varios, tenía con respecto a lo que va quedando de relación con Silvana, se acaba de romper como una pompa de jabón (siguiendo con los lugares comunes), al percatarme de esas cosas que rápidamente denominamos “detalles”, pero que en realidad son “claves”.

Siempre pensé que existía una esperanza con ella, mientras pudiésemos disfrutar de algunos de esos gustos en los que la relación se construyó hace más de dos décadas. Aunque es difícil también esto de los gustos. Contrariamente al popular dicho, pienso que sobre gustos sí hay mucho escrito. Lo que hay poco son elementos para entenderlos. Siendo de gustos y preferencias disímiles, con Silvana siempre tuvimos cierta banda sonora en nuestra vida que en algún momento nos hizo sentir muy conectados. Uno de esos tracks presentes en la relación sónica eran los discos, especialmente de la primera etapa, de los españoles Presuntos Implicados.

El incombustible trío, depositario de una elegante propuesta funk, se constituyó en un link difícil de explicar entre Silvana y yo desde el momento en que en 1993 le regalé el caset “Ser de agua”. Aún después de nuestra separación, estando en la cocina preparando algo o haciendo cualquier cosa mientras sonaban los Presuntos en los parlantes del iPod y la casualidad quería que ambos tarareáramos alguna estrofilla, significaba para mí la razón de que aún “había esperanza”, como cantaba otro relamido romanticón. Temas como “Cuando quiero sol”, “El pan y la sal”, “Los versos de un loco” o “Sentir su calor” se ajustaban siempre a sensaciones o pareceres de muchos instantes compartidos con Silvana.

Pero como dice El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”. Nunca reparé en que la banda sonora también tenía la clave –y no el detalle- de lo que realmente pasa con Silvana. Me quedaba en el tarareo de la cocina y no reparaba en el mensaje. El tema “Debatiéndome”, de los Presuntos, lo advirtió siempre: “Enloquecí en otros labios y dudé/ me maltraté, me desprecié, me perdoné/ juré vengarme y humillarte y resistir/ a todo lo que (hoy) aún me une a ti”.

A pesar de la calma, a pesar de las largas y entretenidas conversaciones, a pesar de compartir muchas cosas e incluso a pesar de las variadas discusiones, la relación siempre ha estado ahí, debatiéndose, buscando espacios a veces ignorados, tratando de tomar formas en ocasiones complejas. Pero no exactamente por el camino que yo he esperado. Porque aunque las personas siguen viéndose, el alma puede ir perfectamente en otra dirección. O como dice el tema que cito: “Porque sin tu calor/ sin tus brazos, sin mi delirio/ no será difícil demostrar/ que ya no soy tuya”.