Este miércoles la cadena de comida rápida, Doggis, celebra el día nacional del hot dog. En nueve días más, el 23 de mayo, la fuente de soda Dominó festejará el día nacional del completo. Para quienes no saben, hot dog y completo son lo mismo, un pan alargado, relleno con vienesa (o salchicha si eres más fino) y diferentes combinaciones de ingredientes, entre los destacan tomate, palta, chucrut, salsa americana y mayonesa.

La discordancia, obviamente, se debe a una guerrilla comercial, una declaración de mercado. Por el último spot de YouTube, Doggis al parecer busca masificar el uso del siútico anglicismo hot dog -tal como Dióscoro Rojas banalizó el concepto guachaca para cumplir sueños abajistas de las estrellas de TV- y cambiar el nombre del tradicional italiano (tomate-palta-mayo) por un inexplicable ¡country! Dominó, en tanto, aprovecha de purificar sus cada vez más elevados precios (1.750 por un Italia) con promos 2×1, pero sin perder la onda y la idea de que los oficinistas también comen completos.

Tiernos.

Pero en medio, hay más completos. Sobre todo los de vocación artesanal, el de inspiración casera (no confundir con el gourmet, premium del Hogs, que cobra como si hubiesen lavado la vienesa con agua de pétalos de rosa), ese que gatilla una acción neuronal-estomacal instantánea que invita a satisfacer el antojo lo antes posible. El completo del carrito que hace unos años había en Gabriela Poniente con Vicuña Mackenna o el de fuente de soda de barrio, donde la mayonesa chorrea y tiene un sabor único que coquetea con la salmonella, y los envases de mostaza, ají y ketchup tienen las letras borradas por el uso. El completo del Portal Fernández Concha, donde dicen se introdujo el concepto por los años 20, gracias al Quick Lunch Bahamondes.

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Aquí, dicen, habría nacido la devoción por el completo, en la década de 1920: El ex Bahamondes

Párrafo aparte para el completo de vecinos, hecho para recolectar fondos para alguien que tuvo la desgracia de caer en el abusivo sistema hospitalario, y el completo familiar, aquel hecho por madres y tías para alimentar -a bajo precio- a una tropa de pendejos cuyo único objetivo era batir récords. A veces se ganaba, a veces se perdía, pero la media eran 6 o 7 de un viaje, una época donde el colesterol no importaba. Ese completo que cuando faltaba pan especial, buenas eran las marraquetas calentadas en la estufa o el tostador.

Ese completo que está para el bajón después del carrete con un embutido de dudosa calidad, ese completo que está para tomar la choca, ese completo de casino de universidad -gracias señora Carmen, por sus invaluables completos en la escuela vieja de Periodismo, la de Belgrado-, ese completo que está para cuando uno echa de menos Chile, ese completo que nunca es hot-dog, ese completo que no necesita de un día nacional.

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Dígale Licenciado. Quintanormalino, puentealtino, providenciano y cantabridgian.