En tiempos en que la desabrida Miley Cyrus lame un martillo y se balancea sin ropa sobre una bola de demolición, en días en que Katy Perry ruge generosa en la selva de fantasía de algodón y Rihanna se hace la ruda sacudiendo su trasero como proxeneta de desnudistas, faltaba que alguien pusiera orden, que apareciera una figura que se parara al frente y les enseñara a todas esas aspirantes a estrella cómo se hacen las cosas. ¿La Mesías? La única: Britney Spears, quien desde algún precipicio decadente reapareció como un cisne, reflotando la vieja escuela de la coreografía, sexy y con látigo en mano, en el videoclip de “Work bitch”, que en español mundano es “Trabaja, perra”.

Te extrañábamos, Britney. Es una confesión bastante masculina y con testosterona. Es una confesión que viene desde el fondo del corazón, desde los días en que apareciste en “Baby one more time”, el año 99, cuando quien suscribe todavía estaba en la enseñanza media, la secundaria, y asomabas con la fantasía de la colegiala. Es cierto, nunca admiramos tu música, ni tu voz, pero hipnotizados y con la baba veíamos esas coreografías secretamente, ese ritmo, imaginando que una compañera de clase te bailaría una canción igualita en las competencias de alianzas.

Después nos dijiste “Oops!… I did it again” en un traje de cuero rojo, ajustado, que perturbó las mentes adolescentes, antes del nuevo paso, del nuevo límite que impusiste con “I’m slave 4 U”, donde dabas cuenta del paso de joven a mujer y en la que inclusos ponías hasta la voz calentona.

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Te estabas volviendo mala, Britney. En “Toxic” encarnaste la fantasía de la azafata, del encuentro fogoso a 11 mil pies de altura, y casi sin escalas llegaste a “Me against the music”, esa colaboración con Madonna que terminó con un calugazo de las dos en el escenario de los VMA.

Eso fue hace 10 años. ¿Cómo pasa el tiempo? Entre medio te borraste del mapa, tuviste hijos, hiciste el check in de toda estrella juvenil en un centro de rehabilitación y hasta te rapaste al cero, sin saber cuál era el rumbo. El mundo trataba de ocupar el espacio que dejabas, pero nadie lo cubría, ni siquiera Beyoncé, ni siquiera Lady Gaga. El tiempo galopaba, eras un fantasma, pero en 2008, “Womanizer” nos hizo creer que estabas de vuelta. Qué gran canción, qué gran video. Nuevamente perturbabas, en un clip de personalidades etéreas y oníricas, cubierta de tu desnudez solo por tus brazos. Pero así como apareciste, volviste a las sombras.

Hasta 2013, en que otra vez nos ilusionas con volver a ser la de antes. Es cierto que la primera señal fue un poco confusa. Ese video de “Ooh, la, la” para “Los Pitufos 2”, estaba entre la madre tierna y, con un poco de malicia que abunda en la mente masculina, la MILF en que algún día te convertirás. Pero para eso aún es pronto y supiste rectificar. Tu “Work bitch” incluso se conecta con el “I’m slave 4 U”. Pasas de dominada a dominatrix, con látigo, juguetes y un contexto bondage que cualquiera abrazaría solo por ti.

Gracias Britney por estar de vuelta. Ojalá te quedes por un buen rato.

Pero en secreto.

No le digas a nadie.

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Sobre El Autor

Volante de contención retirado. De los siete pulmones que tenía, le quedan 1 3/4. No siempre está de acuerdo con lo que dice.